Por Julio A. Muriente Pérez/Especial Inter News Service

“Sostenemos como evidentes estas verdades:
que todos los hombres son creados iguales;
que son dotados por su Creador
de ciertos derechos inalienables;
que entre éstos están la vida, la libertad
y la búsqueda de la felicidad;
que para garantizar estos derechos
se instituyen entre los hombres los gobiernos,
que derivan sus poderes legítimos
del consentimiento de los gobernados;
que cuando quiera que una forma de gobierno
se haga destructora de estos principios,
el pueblo tiene el derecho de reformarla
o abolirla e instituir un nuevo gobierno
que se funde en dichos principios…”
Declaración de independencia
de Estados Unidos
Fragmento
La conmemoración/celebración del 4 de julio llegó a Puerto Rico en las alforjas de los invasores de 1898. No se trató únicamente de una ocupación militar, luego de apoderarse de nuestro País como botín de guerra. Se inició también la imposición de su lengua, sus costumbres, sus leyes, su religión, sus valores, su ciudadanía, sus efemérides, sus héroes y su historia.
Es lo que en todos los tiempos han hecho los invasores para garantizar su dominio sobre los pueblos invadidos. Imponen su presencia en todos los órdenes de la vida. Puerto Rico no ha sido la excepción.
No bien ocuparon nuestro País, Estados Unidos impuso la lengua inglesa en el sistema de educación pública; y se empezaron a celebrar sus efemérides. Entre éstas, de forma prominente, el 4 de julio. No es para menos. Se trata de la fecha que recuerda el inicio de la guerra de las trece colonias contra el imperio británico, que condujo a la independencia de Estados Unidos. Así surgió la primera nación independiente de América.
Lo paradójico es que por largo tiempo se haya querido inducir al Pueblo puertorriqueño a celebrar por todo lo alto la independencia de la nación que nos invadiera, a la vez que se impide que ejerzamos el mismo derecho que ejercieron hace doscientos cincuenta años las tres colonias norteamericanas. Que incluso se pretenda que celebremos el 4 de julio como si se tratara de nosotros y que reneguemos del mismo derecho que entonces afirmaron los independentistas estadounidenses.
Claro que tenemos que denunciar la imposición de esa y otras fechas. Igual que denunciamos la imposición de sus leyes, de su milicia y de su poder político y económico Como denunciamos que se nos impida ejercer libremente nuestro derecho a la autodeterminación e independencia.
Sin embargo, al mismo tiempo reconocemos el valor histórico de aquellos hechos que acaecieron hace 250 años. A la independencia de Estados Unidos le siguió la de Haití, en 1804. A partir de entonces, en toda América se fue dando un extraordinario cambio de época. El colonialismo quedó atrás. Surgieron decenas de países independientes.
Puerto Rico ha sido la excepción. Fuimos colonia de España por 405 años (1493-1898); y luego colonia de Estados Unidos por 128 años (1898-2026). Hasta nuestros días. Ha sido más de medio milenio en que otros han mandado sobre nosotros.
Ni por un instante hemos cesado de luchar, para hacer realidad nuestro derecho inalienable a la autodeterminación e independencia. Es hora ya de que se dé fin a la dominación colonial. Es hora ya de que cese el anacronismo colonial.
Los independentistas puertorriqueños –no los colonialistas, mucho menos los anexionistas– somos los legítimos continuadores históricos de aquella lucha de independencia victoriosa que se libró hace doscientos cincuenta años.
Si ellos tuvieron el derecho a combatir de todas las formas a su alcance hasta obtener su independencia nosotros, el Pueblo puertorriqueño, también tenemos el derecho a la libertad y la independencia plena.
Esa y no otra es la forma digna de recordar el 4 de julio.INS
Amp/ndc
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