P. Rico-El cabello hirsuto de pelo de guajana como marca genética de identidad (análisis)

Izamiento de la bandera de Puerto Rico / Inter News Service/Suministrada.

Por Rafael Santiago Medina

San Juan, 17 ene (INS).- El pelo hirsuto de la guajana se convirtió en el cabello de una gran parte del pueblo boricua para marcar su oriundez caribeña. Con la tez distinta, pero oriundos todos de una isla del Caribe con identidad propia que no hay ideología política que pueda alterar. Incluyendo a aquellos boricuas con la reminiscencia étnica en su cabello lacio de la sangre española.

Es etnia que marca genéticamente a muchos puertorriqueños y que distingue su autoctonía y la de un pueblo que ha venido debatiendo su identidad en medio de la confusión política de lo que realmente somos como nación.

Guajana de la caña de azúcar se quedó en el cabello de muchos puertorriqueños, aunque haya ido desapareciendo de nuestra agricultura y de la economía puertorriqueña, cambiando estilos de vida, pero no la identidad nacional de nuestro pueblo. Murió la esclavitud del trabajo para la zafra del monocultivo de la caña impuesto por Estados Unidos, sin que también muriera la esclavitud del sometimiento político colonialista.

La definición política de Puerto Rico para zafarse de la dependencia económica de una subsistencia sustentada en el asistencialismo con abundancia monetaria de los programas federales estadounidenses, pero de una muy pobre economía nacional productiva que haga el pueblo puertorriqueño autosuficiente y que lo dignifique y enorgullezca, sin la mácula de la mendicidad que enchapa de oro las cadenas de la esclavitud política del colonialismo.

No falta quien diga que eso del colonialismo son puras zarandajas nacionalistas; que lo importante son las millonarias transferencias de fondos federales a Puerto Rico inherentes a esa relación con Estados Unidos.

 Empero, los que así piensan, pasan por alto la maduración emocional que necesita todo pueblo en su crecimiento como nación y que la dependencia económica es efímera, porque depende del capricho, voluntad y circunstancias históricas cambiantes de un bienestar fiado con transferencias de dinero controladas que exigen a cambio pagos de sumisión.

El verdadero bienestar de un pueblo se sustenta en su soberanía y autodeterminación, condiciones necesarias para un desarrollo económico nacional propio. La dependencia económica de la metrópolis imperial no permite nunca el desarrollo económico del pueblo que se subyuga a una relación colonial que impide su crecimiento como nación.

Aunque la historia ha demostrado que la libre determinación y la independencia de un pueblo no son garantías de bienestar y progreso por sí mismas, en buenas manos son las herramientas apropiadas para despejar y abrir el camino hacia un futuro que siempre dependerá, para que sea o no promisorio, de lo que su gente haga con esa soberanía política y económica.

Otras naciones prósperas del mundo han evidenciado a través de la historia que la riqueza de los pueblos no depende absolutamente de su riqueza de recursos naturales, ni de su extensión territorial, sino de la inventiva y presteza de ánimo de su recurso humano que transforme en bienestar propio el ingenio y la creatividad. La grandeza de una nación es proporcional a la grandeza intelectual y espiritual de su pueblo. Los puertorriqueños hemos demostrado tener ese ingenio y creatividad. La más grande riqueza de Puerto Rico es el recurso humano de su pueblo. INS

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