
Niños desnutridos en la unidad de nutrición terapéutica del hospital de N’Djamena, la capital de Chad. / Inter News Service/Fotos de Danny Wilcox Frazier/Unicef
Nueva York, 10 abr (INS).- Durante 2022, unos 6,3 millones de niños de entre 6 y 59 meses en seis países del Sahel (Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania, Níger y Senegal) padecerán una forma de malnutrición potencialmente mortal que provoca una delgadez y debilidad extremas, según el grupo de trabajo de África Occidental y Central que reúne a diversas agencias de la ONU, entre ellas la Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia).
La situación pondrá en peligro la vida de al menos 900 mil niños, advierte el grupo, que pide a los donantes que aumenten urgentemente su apoyo en respuesta a las necesidades nutricionales inmediatas de los niños afectados.
Marie-Pierre Poirier, directora regional de Unicef en esa área del continente destacó que “a medida que los conflictos, la inseguridad, la crisis socioeconómica y los fenómenos climáticos extremos recurrentes en la región siguen deteriorando y agravando la nutrición de los niños, tenemos que recurrir a un ‘funcionamiento inusual’ para abordar sus necesidades de manera sostenible”.
Poirier explicó que, aunque el acceso al tratamiento de los menores sigue siendo un imperativo para salvar las vidas de los niños más gravemente afectados, se ha de cambiar el criterio y centrarse en aumentar las actuaciones de prevención de la desnutrición, especialmente en los lugares más afectados.
“Ha llegado el momento de tratar con decisión y urgencia las causas profundas de la malnutrición infantil en la región. Las repetidas crisis durante la última década nos obligan a redoblar los esfuerzos y a aprovechar las oportunidades para replantear (el tema de) la nutrición con los gobiernos y con el apoyo esencial de los donantes, de manera que, entre todos consigamos situar a la región en la dirección correcta para la protección de los niños contra la malnutrición”, destacó.
Para lograrlo, Poirier destacó que se necesita aplicar un enfoque multisectorial que aborde las múltiples vulnerabilidades subyacentes, tales como la inseguridad alimentaria, las prácticas inadecuadas de alimentación y cuidado de los bebés y los niños pequeños, la nutrición materna incorrecta, la alta incidencia de las enfermedades infantiles.
Además del acceso inapropiado al agua y al saneamiento y a los servicios de salud, el género y otras normas sociales, todo ello interviniendo en un terreno marcado por la pobreza generalizada.
También destacó que un punto fundamental para romper el ciclo intergeneracional de la malnutrición es centrarse en las adolescentes, aunque también resaltó la importancia de contar con los recursos económicos para garantizar una respuesta eficaz y oportuna.
La cantidad total de fondos necesarios es de 93,4 millones de dólares, de los cuales 26,3 millones se destinan a cubrir las necesidades durante la temporada de escasez de junio a septiembre.
El déficit de financiación para el tratamiento de la forma de malnutrición potencialmente mortal que provoca una delgadez y debilidad extremas, conocida como emaciación, es de 35,5 millones de dólares para la forma de desnutrición moderada, y de 42 millones de dólares (incluyendo a Nigeria) para la variante severa, la más peligrosa para la vida de los menores.
Para solucionar los problemas económicos de forma sostenible se necesitan inversiones flexibles y a largo plazo en materia de alimentación, lo que debería implicar un aumento de las inversiones nacionales por parte de los gobiernos.
Una coyuntura que el representante regional de Acción contra el Hambre para África Occidental y Central ve complicada actualmente por la guerra en Ucrania.
“Actualmente la crisis ucraniana está provocando una inflación de los precios en los alimentos, aumentando la presión sobre las poblaciones ya fuertemente impactadas por las crisis: si no actuamos ahora en todos los puntos conflictivos, nos acercamos a una grave inseguridad alimentaria y nutricional”, dijo Mamadou Diop.
La variedad de alimentos, una quimera
La diversidad dietética de los niños pequeños es otro reto importante para África Occidental y Central, ya que sólo el 21% de los niños de 6 a 23 meses de nueve países (Burkina Faso, Camerún, Chad, Gambia, Mali, Mauritania, Níger, Nigeria y Senegal) reciben el número mínimo de alimentos para crecer adecuadamente.
Por ello es necesario anticiparse a un probable aumento de las necesidades de abastecimiento, así como de los costes de los suministros alimentarios y nutricionales, e identificar soluciones locales para conseguir dietas nutritivas asequibles.
Este escenario puede lograrse con asociaciones de cooperativas de mujeres e iniciativas de empoderamiento femenina, con el compromiso de los jóvenes para una mejor participación de la comunidad y con asociaciones público-privadas. Todo ello prestando especial atención a los niños pequeños, las adolescentes y las mujeres embarazadas y lactantes.
En los últimos tres años, el fuerte aumento de los ataques armados contra las comunidades, las escuelas, los centros de salud y otras instituciones e infraestructuras públicas han interrumpido el acceso a los medios de subsistencia y a los servicios básicos como la educación y la atención sanitaria.
La inseguridad y los fenómenos climáticos adversos agravan aún más una situación ya frágil y precaria, provocando desplazamientos masivos de población. A finales de 2021, había más de 2,5 millones de desplazados internos en el Sahel Central.
Además, la pandemia de Covid-19 continúa provocando efectos adversos en las formas de vida de las familias, así como en los sistemas alimentarios, sanitarios, educativos y de protección social.
Por si todos estos elementos fueran pocos, las estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura señalan a que la crisis en Ucrania podría provocar una reducción prolongada de las exportaciones de alimentos y aumentar el número de personas desnutridas en el África subsahariana. INS
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