
La mayoría de los 227 pasajeros (a los que hay que sumar los 12 miembros de la tripulación) eran ciudadanos chinos./Twitter
Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 9 mar (INS).- El 8 de marzo de 2014, un día como ayer, aconteció uno de los mayores misterios de la aviación en tiempos modernos. Ocho años después, la desaparición del vuelo MH370 de Malaysia Airlines, de Kuala Lumpur con destino a Beijing, China, sigue siendo un misterio y generando todo tipo de versiones, desde un accidente hasta un secuestro, un ataque terrorista o teorías conspirativas.
La búsqueda para encontrar el Boeing 777 ha sido la más larga y exhaustiva que se ha hecho jamás. Apenas algunos restos del avión fueron hallados en la costa de África. Ninguno de los 239 pasajeros ha sido encontrado.
El informe final de la investigación sobre el accidente reiteró la afirmación de Malasia de que la aeronave fue desviada deliberadamente y voló durante más de siete horas después de cortar la comunicación y su equipo de rastreo civil por radar. No obstante, apuntó, la causa de la desaparición no puede determinarse todavía.
El despegue del MH370 a las 12.42 de la madrugada del 8 de marzo de 2014 del aeropuerto de Kuala Lumpur, en Malasia, fue normal. Su capitán era Zaharie Ahmad Shah, un piloto de 53 años, uno de los más expertos de la compañía malasia. Su copiloto era Fariq Hamid, un joven primer oficial quien se encontraba en el último vuelo de entrenamiento.
La mayoría de los 227 pasajeros (a los que hay que sumar los 12 miembros de la tripulación) eran ciudadanos chinos, pero había también malasios, australianos, estadounidenses y dos iraníes con pasaportes falsos. Se descartó en posteriores investigaciones de los pasajeros, que los dos iraníes tuvieran vínculos con grupos terroristas y sus intenciones eran pedir asilo político en Alemania.
Su última comunicación se produjo unos diez minutos después de la 1:00 de la madrugada. «Buenas noche. Malaysia 370», dijo Zaharie a la torre de control de Kuala Lumpur. El avión debía contactarse con el centro de Ho Chi Minh, en Vietnam, en cuyo espacio aéreo estaba por ingresar. El tono de Zaharie era normal, tranquilo. Unos segundos después, el avión desapareció de los radares de Malasia.
En Kuala Lumpur nadie se dio cuenta de la desaparición, mientras sí la notaron en Ho Chi Minh: intentaron comunicarse con el avión, pero no recibieron respuesta. Unos 18 minutos después ―13 más que lo establecido por el protocolo— los vietnamitas informaron a los colegas malasios. Debido a fallas en la comunicación y errores en la gestión de la emergencia, las operaciones de búsqueda empezaron recién cinco horas más tarde.
En un primer momento, la búsqueda se enfocó en la porción del mar Chino Meridional entre Vietnam y Malasia. Hasta que los primeros análisis de las señales de los radares revelaron que, tras desaparecer, el vuelo MH370 había virado en dirección suroeste, minutos después de la última comunicación con la torre de Kuala Lumpur.
A partir de ese descubrimiento, se han desatado todo tipo de hipótesis y teorías. Siempre ha quedado la duda de cómo una aeronave tan sofisticada simplemente pudiera desaparecer, así porque sí.
Lo cierto es que, cuando desapareció de los radares, el MH370 aún estaba en vuelo. En los días siguientes se descubrió que el avión se había contactado siete veces con un satélite geoestacionario de la sociedad británica Inmarsat. Este rastreo pudo comprobar que permaneció unos 20 minutos dando vueltas en un punto inmóvil, para luego continuar su marcha hacia donde se sospecha cayó en el mar.
Los contactos sobre el océano Índico se había extendido durante unas seis horas. Estos contactos permitieron trazar una línea que iba desde Asia Central hasta Antártida, que el avión cruzó a las 8 horas y 19 minutos de Kuala Lumpur. Los técnicos además elaboraron más datos basados en el efecto Doppler —el aumento o disminución de la frecuencia de una onda sonora cuando la fuente que la produce se aleja o se aproxima— que permitieron establecer que el avión había virado una tercera vez hacia el sur. Esta información permitió definir una zona en la que el avión podría haberse estrellado. El lugar, cerca de las costas de Australia, estaba muy lejos de la zona que habían indicado las autoridades de Malasia.
Una información revelada por el diario Wall Street Journal comenzó a sembrar dudas sobre la confiabilidad de la investigación llevada a cabo por Malasia y desató sospechas acerca de un intento de encubrimiento.
También los datos doppler indicaron que, después de seis horas, el avión sufrió un descenso pronunciado, hasta cinco veces mayor que una velocidad de descenso normal. Al cabo de uno o dos minutos, el avión se zambulló en el océano, posiblemente desprendiendo componentes antes del impacto.
A juzgar por la evidencia electrónica, no fue un intento controlado de un aterrizaje en el agua. El avión debió haberse partido instantáneamente en un millón de piezas. Sin embargo, aún sigue sin conocerse dónde ocurrió el impacto, y mucho menos por qué. Y nadie tenía la más mínima evidencia física para confirmar que las interpretaciones de los satélites eran correctas.
La incertidumbre inicial sobre el lugar del impacto explica además por qué no se encontraron restos del avión, quizás el único elemento que podría arrojar nueva luz sobre las causas del accidente. Unos pocos restos fueron hallados en la costa de África, en la isla de Reunión, Madagascar y Mozambique. Dos tercios de los restos fueron encontrados por Blaine Gibson, quien durante los últimos cinco años estuvo buscando nuevas pistas por las costas de África y del Sudeste asiático, convirtiéndose en uno de los mayores expertos sobre la desaparición y quien fue una de las fuentes de la investigación de The Atlantic.
Hasta la fecha ha habido tres investigaciones oficiales sobre el vuelo. La primera estuvo liderada por Australia e involucró a una red internacional de países, aviones y barcos; además contó con la ayuda de un grupo de investigadores independientes. La búsqueda duró tres años y costó 160 millones de dólares, pero no dio resultados. La empresa privada estadounidense Ocean Infinity reanudó las búsquedas a principios de 2018, bajo el principio de que si no encontraba nada no cobraba nada, y tras analizar el lecho marino con la ayuda de drones de última generación abandonó el proyecto sin aportar novedades.
La otra investigación fue llevada a cabo por Malasia, y se enfocó en los pasajeros y la tripulación. No obstante, fue criticada por varios expertos independientes porque intentó esconder información sobre Zaharie, el piloto.
Una tercera investigación buscó individualizar las causas del accidente, y halló como responsables a la agencia de aviación de Vietnam y a los controladores de Kuala Lumpur. No obstante, los expertos internacionales denunciaron la interferencia del Gobierno malasio, que según ellos intentaba proteger a sujetos considerados estratégicos, como la compañía aérea o el piloto.
Investigaciones más recientes tienden a determinar que fue un accidente provocado intencionalmente. La ruta que siguió el avión no pudo haber sido provocada por un error humano o una falla técnica. Es imposible que alguien tomara el control del avión sin ingresar a la cabina o que los pilotos estuvieran de acuerdo.
Quien manejaba el avión desactivó el piloto automático. Según varios expertos, el avión tomó cuota después de desaparecer de los radares, superando los 12 mil metros. Esta maniobra explicaría muchas cosas, y hoy se considera la más probable: a esa altitud el avión se despresuriza. Si el ascenso es gradual, los pasajeros ni siquiera advierten la despresurización: en ese caso, la única señal sería la aparición de las máscaras de oxígeno. Sin embargo, las máscaras están diseñadas para durar 15 minutos. Así, en el MH370, los pasajeros habrían quedado inconscientes y luego habrían muerto.
Eso explicaría por qué mientras se desataba la tragedia no hubo pedidos de ayuda, ni mensajes de adiós, ni intentos de llamados de emergencia que fracasaron en conectarse.
En la cabina de los pilotos, en cambio, hay máscaras que garantizan horas de oxígeno. Esto explicaría cómo Zaharie, tras haber eliminado al copiloto, pudo pilotear el avión durante horas. El momento de la despresurización ocurrió cerca de Penang, en Malasia, la ciudad de origen del capitán, y donde se encuentra una base militar que indicó haber señalado la presencia del avión. INS
rsm
Inter News Service Agencia de Noticias