
Menem “conquistó” a la chilena Cecilia Bolocco, Miss Universo en 1987, con quien estaría casado entre 2001 y 2007. / Inter News Service
Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 14 feb (INS).- Falleció hoy a los 90 años el controvertido expresidente de Argentina, Carlos Saúl Menem.
Murió en una clínica de Buenos Aires, donde permaneció internado durante las últimas dos semanas debido a una infección urinaria que se agravó con el paso de los días. Luego de sufrir una falla renal, los médicos le indujeron un estado de coma del que ya no pudo recuperarse.
Su fallecimiento cierra un capítulo en la historia política argentina. El abogado que se convirtió en presidente de Argentina bajo el peronismo, había cumplido 90 años el pasado 2 de julio.
Encabezó un gobierno que consolidó el modelo neoliberal con una cadena de privatizaciones que quedaron marcadas por escándalos de corrupción. También por la deformación de una economía que se basó en la ficticia equivalencia entre un peso y un dólar estadounidense.
Menem nació en 1930 en La Rioja, provincia del noroeste argentino, en una familia de origen sirio. Siendo un joven universitario se afilió al Partido Justicialista fundado por Juan Domingo Perón, el presidente que sufrió un golpe de Estado en 1955.
A pesar de que el peronismo quedó proscrito, Menem siguió militando en la clandestinidad. En 1962, a los 32 años, se postuló a su primer cargo de elección popular como candidato a diputado provincial en La Rioja bajo las siglas del partido Unión Popular, que sí era legal. Pese a que ganó, un nuevo golpe de Estado le impidió asumir como legislador.
El clímax de su carrera política fue en 1973, cuando triunfó en las elecciones para ser gobernador de La Rioja, pero no pudo cumplir su mandato de seis años debido al golpe de Estado de 1976, que terminó con la presidencia de Isabel Martínez de Perón.
Los militares detuvieron a Menem durante dos años y luego lo mantuvieron bajo vigilancia. Aun así, el dirigente continuó con su carrera política.
En 1983, cuando acabó la dictadura militar, Menem volvió a postularse como gobernador de La Rioja y repitió el triunfo que ya había logrado una década antes. Desde ahí saltó a la candidatura presidencial del peronismo, en 1989.
“Síganme, no los voy defraudar”, fue el lema de una campaña en la que retomó el discurso peronista de izquierda basado en promesas de equidad social que jamás cumpliría. “Si hubiera dicho lo que iba a hacer, no me votaba nadie”, diría años más tarde, cuando ya era evidente que encabezaba un gobierno de derecha.
Asumió la presidencia cuando el país padecía una grave crisis económica que se había traducido en una hiperinflación. El paliativo de la crisis fue la llamada “convertibilidad”, que implicó que el peso argentino valdría lo mismo que el dólar.
Como parte de su política neoliberal, privatizó alrededor de 60 empresas estatales, algunas que prestaban servicios esenciales, como distribución de gas, electricidad, agua, transporte urbano y trenes. También, Aerolíneas Argentinas, el Correo, los aeropuertos, minas, astilleros, fábricas militares y la empresa petrolera nacional Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF).
En política internacional, se alineó geopolíticamente con Estados Unidos de manera incondicional, tanto, que el canciller menemista las describió como “relaciones carnales”.
Internamente, indultó a los miembros de las juntas militares que habían sido condenados por delitos de lesa humanidad. También a exlíderes guerrilleros.
Su gestión, sin embargo, quedó empañada por múltiples escándalos de corrupción. Menem se resistió a devolver un lujoso auto que le había regalado una empresa privada. Un acto de venalidad de sus funciones ministeriales que está vedado por la ley de ética de servidores públicos.
La ostentación de los lujosos viajes de los políticos era habitual, así como el exhibicionismo de su riqueza en las llamadas “revistas del corazón”.
El presidente jugaba tenis, manejaba autos deportivos, bailaba en programas de televisión, se sacaba fotos con los Rolling Stones. Y se volvía cada vez más rico.
El esplendor de “la fiesta menemista”, como bautizó la prensa a esta época, quedó opacada por los ataques terroristas que sufrieron en 1992 la embajada de Israel en Argentina. En 1994 se suscitó el ataque terrorista a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), con un saldo de 107 muertos, centenares de heridos y plena impunidad, porque casi tres décadas después no hay un solo detenido por los atentados.
En 1995, Menem ganó su ansiada reelección. La burbuja de un espejismo de progreso durante su gobierno comenzó a desinflarse. La ecuación “un peso argentino es igual a un dólar” era insostenible. La pobreza y el desempleo aumentaban y el presidente fracasaba en su intento de reinterpretar la Constitución a su conveniencia para volver a postularse.
Cuatro años más tarde Fernando de la Rúa ganó las elecciones presidenciales. Sin embargo, la herencia política dejada por Menem tuvo su secuela en 2001, con una grave crisis económica, social y política que dejó decenas de muertos en protestas y una pobreza récord superior al 50%.
De la Rúa renunció y Argentina tuvo a cinco presidentes en la última semana de 2001, hasta que Eduardo Duhalde asumió como interino y convocó a elecciones para el 2003. INS
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