P. Rico-Arzobispo González Nieves llama a luchar contra tentaciones como la violencia, la corrupción y la intolerancia

San Juan, 18 feb (INS).- En la carta pastoral con ocasión de la Cuaresma 2018, el arzobispo de San Juan, Roberto González Nieves, llamó a los puertorriqueños a vencer las tentaciones, especialmente la violencia, la corrupción, la división y la intolerancia.

“En Puerto Rico, además de las tentaciones individuales, hay muchas tentaciones que estamos llamados a vencer. Pienso en la tentación de la violencia. ¿Cuántas mujeres, niños y ancianos son víctimas de la violencia? Y qué decir de la violencia criminal, que el pasado mes de enero sobrepasó los 70 asesinatos”, cuestionó.

Y agregó que a su entender, “la respuesta no puede ser una enmienda a la ley de armas que permita que en Puerto Rico sea más fácil conseguir un arma que un permiso para operar negocios. Aunque existe el derecho a la autoprotección, conscientes de nuestra condición humana, no podemos facilitar un ambiente social sobrecargado de armas de fuego”.

“Hay que vencer la tentación de la violencia como solución a nuestros problemas. La violencia no nos debe describir como pueblo, sino la solidaridad y el amor. Como pueblo que cree en la paz y en las soluciones no violentas, debemos resistir la tentación de caer en la cultura de glorificar las armas y en la cultura de los más fuertes y violentos”, subrayó monseñor González.

En cuanto a la corrupción, indicó que “un corrupto no puede convertirse en santo. Y a la corrupción se llega por ese camino del debilitamiento del corazón. Vigilancia. Todos los días vigilar el corazón. ¿Cómo está mi corazón, mi relación con el Señor? Y gustar de la belleza y la alegría de la fidelidad”.

“La corrupción no sólo le hace daño a quien la comete o beneficia, sino que le hace daño a la calidad de vida y a la imagen de Puerto Rico y, sobre todo, a los más vulnerables. La primera víctima de la corrupción no es el erario, sino los pobres, los vulnerables a quienes se les priva de la asistencia necesaria, de la calidad de una vida digna”, afirmó el prelado.

Luego exhortó “al gobierno y a los municipios, a los agentes de fiscalización y de justicia, a los medios de comunicación social, a las redes sociales y a nuestro pueblo a estar vigilantes a este mal tan frecuente y longevo en la administración de los bienes públicos”.

Recordó que el Papa Francisco apuntó que “El gran Rey Salomón terminó corrupto: tranquilamente corrupto, porque el corazón se le había debilitado”.

“Nosotros no podemos ser un pueblo tranquilamente corrupto, que conviva con el mal de la corrupción. Ante la vulnerabilidad de nuestro pueblo, debemos estar atentos contra aquellos corruptos disfrazados de honestos”, advirtió.

Sobre la tentación de la división, citó a Jesús: “Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer” (Mc 3, 24).

“Somos un país paralizado por divisiones. No sólo nos divide el estatus y la política partidista, sino que hasta el color de nuestra bandera. La división es una tentación que tenemos que vencer, porque cancela nuestros esfuerzos. La falta de tolerancia es una de las causas de la división, que nos convierte en contrarios y nos hace mirar al otro con desconfianza”, aseveró.

Y añadió: “Puerto Rico tiene muchos retos que hay que enfrentar unidos. De no hacerlo, seremos más vulnerables, seremos presa muy fácil para quienes quieren tomar ventajas de nuestro divisionismo y falta de consensos”.

“Al divisionismo nuestro tenemos que vencerlo con un nuevo espíritu ciudadano, iluminado por el evangelio de Cristo que nos invita a ser uno, a crecer en la unidad, la comunión, la solidaridad y, sobre todo, la caridad”, remarcó.

Agregó que “después del paso de los huracanes, Puerto Rico inició su propia Cuaresma para su propia conversión. Ahora debemos iniciar un nuevo proyecto de país donde nos enfoquemos, a corto plazo, en los elementos que nos unen y en indispensable tarea de fortalecer la institución de la familia para luego, desde una nueva base de unidad, trabajar los temas que más nos desunen”.

Y recomendó: “Podemos vencer la cultura de la división con la cultura del encuentro: encuentro con Dios, encuentro con uno mismo y encuentro con el prójimo y con la creación.

Y acerca de la tentación de la intolerancia, dijo que la tolerancia “no es un valor que surgió con las luchas a favor de los derechos civiles. Tampoco fue un invento que surgió de la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU en 1996 que declaró que cada 16 de noviembre fuera el Día Internacional de la Tolerancia”.

“Mucho antes, San Pablo había dicho esto: ‘Sean humildes, amables, pacientes, y sopórtense unos a otros con amor’ (Ef 4, 2). Y, Jesús, un poco antes, nos dejó claro que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mc 12, 31). Por lo tanto, tolerancia no significa tan sólo soportar al otro, aguantárnoslo, o tragarnos lo que no nos guste…”.

“Implica amar al otro aunque sea distinto, aunque piense distinto, aunque no se porte como yo espero. La tolerancia es una virtud que debemos adquirir para la vida y no a conveniencia. La tolerancia no puede ser como un ‘snapchat’, algo que tú muestras con la intención de que se desaparezca, de que se borre rápido, de que no sea duradero”, apuntó González Nieves.

Y recomendó: “No permitan que en la vida, las cosas buenas como la amistad sincera, el amor, la fe, la tolerancia, sean tan pasajeras como el ‘snapchat’”.

“No juzgar, eso es lo que nos pide Jesús, que es, en cierto sentido, tolerar. No me gusta, no estoy de acuerdo, no lo comparto, no lo hago, no lo imito, pero lo respeto, pero veo en esa persona a un hermano. No me gusta lo que hace o yo no lo haría, pero eso no lo hace menos ni descartable ni inferior, y aun así lo respeto, oro, no le hago daño, lo veo con los ojos de Jesús”, señaló.

Explicó que “tampoco tolerancia es soportarlo todo o ignorarlo todo o vivir la vida con indiferencia. La tolerancia implica no juzgar al otro, amarlo aunque nos cueste. Ser tolerantes a veces no es fácil, es cuesta arriba, es un desafío y por eso, no es algo del instinto, requiere que nos esforcemos y para eso, debemos esforzarnos por ver a cada persona con los ojos de Dios”.

“La tolerancia es un ingrediente esencial para la sana convivencia. Lo contrario, la intolerancia, nos divide, nos destruye, nos diezma, nos reduce, nos cancela, nos pone en bandos encontrados, nos transforma la mirada en ojos de odio. Eduquemos para la tolerancia, que es mejor enseñada con el testimonio. Que esta Cuaresma nos ayude a crecer en la tolerancia”, concluyó. INS

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