R.Dominicana-Sermón de las Siete Palabras: la Iglesia católica fustiga los males sociales que padece el país

Los religiosos de la Iglesia católica que participaron en el Sermón de las Siete Palabras. (Fuente externa). Inter News Service

Los religiosos que intervinieron en el Sermón de las Siete Palabras. (Fuente externa). Inter News Service

Santo Domingo, 3 abr (INS). -A través del Sermón de las Siete Palabras, que se comenta cada Viernes Santo, la Iglesia católica volvió a atacar los males sociales que padece el país, haciendo un llamado a reconocer, respetar y a promover la dignidad de la mujer, además de construir comunidades que cuiden y protejan a este sector de la sociedad ante la violencia y el abandono.

El Sermón de las Siete Palabras, reflexiones basadas en las últimas frases que Jesús pronunció en la cruz antes de morir, continúa siendo una tradición de profundo fervor religioso en la República Dominicana, donde cada año se medita sobre su sacrificio y se enlaza con los desafíos contemporáneos de la sociedad.

Durante la actividad que se realiza en la Catedral Primada de América, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos aprovechan el espacio para abordar temas que afectan directamente a la sociedad.

La primera palabra, “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, la pronunció el reverendo padre Francisco Benito Alvarado Herrera, quién alertó sobre problemáticas que impactan a la sociedad actual, especialmente en la juventud “que hoy es arrastrada por la mentira de las redes sociales, plataformas digitales e influencers que se convierten en falsos profetas”.

Asimismo, advirtió los riesgos que enfrentan los niños ante el uso inadecuado de la tecnología, como celulares, videos-juegos, tablet y otros. “La inocencia se pone en riesgo a cada segundo en las pantallas”, señaló, al tiempo que atribuyó esta situación a la falta de acompañamiento familiar.

En otro orden, abordó la violencia en la sociedad, en particular contra la mujer, y dijo que el hombre no termina de entender que no es dueño de la vida y la libertad de las damas.

Alvarado se refirió a la incapacidad y complicidad de quienes conforman los organismos de control de armas, alcohol y drogas. También oró por un país que ha promovido directa e indirectamente la corrupción en su historia, “partido tras partido y gobierno tras gobierno”. Por igual, cuestionó los altos gastos en publicidad gubernamental y acuerdos extraoficiales.

Segunda palabra: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, la leyó el sacerdote Mario de la Cruz Campusano, quién cuestionó la actitud frente al dolor que marca la diferencia en la vida del ser humano. “Uno no le dio sentido a su dolor y el otro sí lo hizo”, expresó, al referirse a los dos ladrones crucificados junto a Jesús.

En su reflexión, abordó la realidad social del país, al cuestionar las desigualdades económicas y las prioridades del Estado. “¿Cómo puede ser que un funcionario gane entre trescientos mil y un millón de pesos, mientras un obrero recibe salarios mínimos?”, preguntó.

Por igual, criticó la inversión en grandes obras frente a carencias en áreas esenciales. Señaló que existen proyectos millonarios, mientras persisten deficiencias en salud, educación y vivienda, dificultades en el acceso a servicios hospitalarios.

Tercera palabra, “He aquí a tu hijo, he aquí a tu Madre”, la comentó José Ricardo Rosado Acosta, de la Parroquia San José de Calasanz. En su mensaje, el párroco hizo referencia a la realidad de las mujeres en la sociedad actual, señalando que muchas veces son ellas quienes cargan solas con el peso de la vida, enfrentando violencia y sufrimiento, pero permaneciendo firmes. Su reflexión vinculó la entrega de María con la resiliencia de las mujeres dominicanas, que pese a las adversidades, responden con amor y fortaleza.

Cuarta palabra “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, la analizó el cura Candelario Mejía Brito, quien señaló que este grito refleja la experiencia de muchos hombres y mujeres que se sienten abandonados en medio de sus luchas cotidianas. “Mucha gente se siente abandonada, el hombre anhela sentir la mejoría”, expresó.

Vinculó el sufrimiento de Cristo con la realidad social del país, destacando que “cuando los únicos que están dispuestos a sacrificarse, son los más pobres, los de abajo”, se evidencia la desigualdad que golpea a las comunidades.

Además, hizo referencia a los jóvenes, quienes cargan con la estigmatización y enfrentan las presiones de las nuevas culturas, muchas veces sin saber en quién confiar.

Quinta palabra: “Tengo sed”, tuvo a cargo de la reverenda madre Sor Zoila María Mercedes López. En su homilía, la religiosa subrayó que “es nuestro Dios quien está sufriendo por nosotros”, y vinculó esa sed espiritual con las carencias que aún afectan a la sociedad. “Nosotros seguimos bebiendo en aguas contaminadas que no quitan la sed”, expresó, recordando que la humanidad necesita fuentes de vida auténtica.

Destacó que Cristo se hizo verdaderamente hombre y que su sed es también la sed de justicia, paz y dignidad. Indicó que los inmigrantes, mujeres y niños son quienes más sufren la sed de vida en todas sus dimensiones, reclamando mejores servicios y condiciones de vida.

Respecto al flagelo del feminicidio en el país, que dijo parece no tener fin, llamó a la sociedad a responder con acciones concretas para proteger la vida. “Jesús tiene sed de paz entre las naciones”, concluyó, invitando a los fieles a transformar esa sed en compromiso social y espiritual.

La sexta palabra fue proclamada por el diácono permanente Juan Evangelista Rivas Morillo, de la Arquidiócesis de Santo Domingo, quien reflexionó sobre el momento en que Jesús, al llegar a las puertas de la muerte, pronunció: “Todo está consumado” (Juan 19:30).

El diácono vinculó este mensaje con la realidad social dominicana, advirtiendo que “por el miedo a morir se dan todos los atropellos” y que muchos jóvenes se desesperan ante fracasos y la imposibilidad de sobrevivir en un contexto marcado por desigualdades.

Dijo que los problemas sociales en la República Dominicana, como la delincuencia, la violencia y los feminicidios, se han triplicado en lo que va de año. Además, señaló el alto costo de la canasta básica, el alza de la gasolina y la corrupción administrativa como factores que profundizan la desesperanza.

La séptima y última palabra, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, la comentó Sor Lourdes Martínez Arcángel. La religiosa explicó que esta expresión fundamenta la doctrina de la confianza absoluta en la providencia divina y la entrega voluntaria de la vida para la redención.

La homilía también incluyó una crítica a los desafíos contemporáneos, advirtiendo sobre el mal uso de las redes sociales y la influencia de la música obscena, que distorsionan valores y afectan la convivencia. Invitó a los fieles a recuperar la amabilidad como camino de comunión y esperanza. INS

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Los religiosos que intervinieron en el Sermón de las Siete Palabras. (Fuente externa). Inter News Service
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