P. Rico-No es de identidad nacional el problema, sino de falta de soberanía política para resolver la deficiencia económica (opinión)

Por Rafael Santiago Medina

San Juan, 19 dic (INS).- Puerto Rico no presenta un problema de identidad nacional. Así que ese es un asunto que está fuera de toda discusión. Su distinción identitaria con la nación estadounidense está dada por su idioma, su cultura hispánica y antillana propia, y su orgullo nacional intrínseco, a veces mediatizado -quizás- por cuestiones de ideologías políticas.

El problema con el estatus del sometimiento colonial en su relación política con Estados Unidos es de consecuencias económicas, más allá del espejismo de progreso que hay en el asistencialismo y transferencia de fondos federales proveniente de las instancias federales en Washington.

Rebasa la subyugación de la dependencia a las transferencias de fondos federales y el asistencialismo proveniente de Washington la carencia de una economía nacional propia y soberana de Puerto Rico, que es su peor mal.

El modelo económico de Puerto Rico se fue haciendo obsoleto con el tiempo. La industrialización mediante la inversión de capital por invitación y exenciones contributivas que proveyó algún grado de progreso al pueblo puertorriqueño en una parte de la segunda mitad del siglo pasado y que por ley de inercia le ha permitido una vivencia de subsistencia sustentada en el asistencialismo y subsecuentes transferencias de fondos federales hasta el día de hoy, ha ido aplazando la urgencia de que Puerto Rico advenga a una economía sostenible con perspectivas de futuro.

Sigue al día de hoy falto de una economía que haga al país competitivo ante los retos de una integración propia a un mercado económico globalizado que depende de la inventiva de acuerdos internacionales.

Puerto Rico pudo desarrollarse económicamente mientras hubo algún grado de soberanía política bajo el Estado Libre Asociado (ELA). Pero en la medida en que las instancias de poder político y económico en Puerto Rico se fueron federalizando bajo la tutela de cada vez más injerencia washingtoniana, la economía isleña perdió vitalidad inherente en sí misma. Se cayó, por consiguiente, en la atadura de la dependencia.

Por lo tanto, hablar de desarrollo económico para Puerto Rico sin soberanía nacional denota una gran futilidad. En toda discusión de sus asuntos económicos, la necesidad de detentar poderes soberanos sobre su economía para la toma fundamental de decisiones como país es lo único que abre perspectivas de progreso para su futuro. Lo otro, todo otro asunto fuera de ese aspecto trascendente, se diluye en banalidades retóricas.

Estados Unidos tiene que definir si lo que quiere con respecto a Puerto Rico es un lastre económico y político de repercusiones internacionales o si, por el contrario, está dispuesto a resolver este caso de territorialidad ultramarina para Washington que tantos dolores de cabeza le ha ocasionado y le sigue ocasionando. Lo que Puerto Rico necesita de Washington es determinación y voluntad política.

Después de más de un siglo de coloniaje bajo la bandera de Estados Unidos, el caso político y económico de Puerto Rico tiene que visualizarse con miras a permitir que tenga un desarrollo económico propio internacionalmente dentro de un proceso apacible y sin contratiempos de transición paulatina.

Este es el proceso de cambios resolutivos al problema colonial de Puerto Rico más pragmático para Estados Unidos. INS

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