
Rodolfo Walsh marcó un hito con su obra Operación masacre, considerada una pieza de investigación periodística precursora del Nuevo Periodismo. Inter News Service/Ediciones de la Flor
Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 18 dic (INS).- Rodolfo Jorge Walsh fue un periodista y escritor argentino que debiera ser inspiración para quienes ejercen el oficio de periodista.
Nacido en Lamarque, Río Negro, Argentina, el 9 de enero de 1927, ejerció el oficio de reportero de la verdad, sobre todo, hasta su asesinato el 25 de marzo de 1977 por la gendarmería de la dictadura militar argentina.
Fue emboscado mientras distribuía las primeras copias de su famosa Carta abierta de un escritor a la Junta Militar en buzones de la ciudad de Buenos Aires, tras enfrentarse a tiros con un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), que lo emboscó e hirió fatalmente, llevándose su cuerpo moribundo en el acto.
La dictadura nunca reveló dónde se encuentran los restos de Walsh, por lo que desde entonces forma parte de la lista de detenidos desaparecidos por el terrorismo de Estado en Argentina. En 2011 la justicia identificó y condenó por homicidio a siete de los autores.
Walsh es reconocido por ser un pionero en la escritura de novelas testimoniales como Operación Masacre —considerada la primera novela de no-ficción— y su otro reconocido libro ¿Quién mató a Rosendo?, aunque también sobresalió como escritor de ficción.
Fue parte de los Montoneros desde antes de 1976, organización que se enfrentó primero a la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) y luego a la última dictadura cívico-militar argentina (1976-1983). Aunque en septiembre de 1958, afirmó: «No soy peronista, no lo he sido ni tengo intención de serlo…» Walsh realmente fue más afin con el pensamiento político de la izquierda revolucionaria y, tras la revolución cubana, viajó a La Habana para trabajar en Prensa Latina, junto a Jorge Masetti y Rogelio García Lupo.
En medio del terrorismo de Estado impuesto por la dictadura militar argentina y de una masacre generalizada de sus compañeros militantes, Walsh no aceptó salir del país para ser protegido, eligiendo en cambio vivir oculto mientras comenzaba a escribir y difundir una serie de «Cartas Polémicas». El 25 de marzo de 1977, al día siguiente del primer aniversario del golpe de Estado de la dictadura.
Su labor ingente y emblemática como escritor, novelista y periodista ha crecido con el correr del tiempo, y actualmente es considerado uno de los más destacados artistas e intelectuales de Latinoamérica y de mundo.
A los 17 años, había comenzado a trabajar como corrector en la editorial Hachette. Poco después hizo sus pinitos en el periodismo, publicando artículos y cuentos en diversos medios de Buenos Aires y La Plata.
Desde 1951 hasta 1961, trabajó para las revistas Leoplán, Panorama, y Vea y Lea, además de continuar en la editorial Hachette, ya como traductor. Por esos años publicó las antologías Diez cuentos policiales argentinos (1953) y Antología del cuento extraño (1956). Tanto las ediciones de 1976 como la de 2014 reaparecieron en cuatro tomos.
En 1953, salió su primer libro, Variaciones en rojo, que contiene tres novelas cortas de género policial, al que era muy aficionado, con la que obtuvo el Primer Premio Municipal de Literatura de Buenos Aires. Está dedicado a Elina Tejerina, su primera mujer y madre de sus dos hijas, Victoria y Patricia. Años más tarde, renegaría de este libro.
En 1956, presenció un levantamiento militar contra el gobierno de facto que había derrocado a Juan Domingo Perón y combates callejeros en La Plata, donde residía. Durante la madrugada del 9 al 10 de junio, nueve civiles fueron detenidos y fusilados en un basural de José León Suárez sobre la ruta; lo mismo pasó en la zona sur del Gran Buenos Aires. Meses después, en un bar que frecuentaba, oyó la primicia que cambiaría su vida: «Hay un fusilado que vive».
Logró identificarlo como Juan Carlos Livraga, al que entrevistó, y por quien pudo saber que había otros sobrevivientes. Trabajó los meses siguientes en febril persecución y búsqueda, interrogando a conocidos, vecinos y sobrevivientes. Alquiló una casa en el Delta de Tigre bajo el nombre falso de Francisco Freire, y en unos meses escribió la primera versión de lo que sería Operación Masacre. El prólogo de la primera edición en libro evidencia sus intenciones de no dar por terminada la investigación publicada.
El 15 de enero al 30 de marzo de 1957, consiguió la publicación de parte de sus investigaciones en el pequeño diario nacionalista Revolución Nacional. Del 27 al 29 de junio, publicó nueve artículos más en la revista Mayoría de los hermanos Tulio y Bruno Jacovella, por cuya recomendación, se presentó en el Estudio Ramos Mejía donde funcionaba el semanario Azul y Blanco. Allí pidió hablar con el Dr. Marcelo Sánchez Sorondo, su director. Y en diciembre de 1957 apareció la primera edición del libro, con el subtítulo «Un proceso que no ha sido clausurado», de Ediciones Sigla, sostenida por Jorge Ramos Mejía y propiedad de Sánchez Sorondo.
En reediciones posteriores (1964, 1969, siete ediciones entre 1972 y 1974), Walsh fue rectificando datos, agregando y suprimiendo prólogos y epílogos, comentando el impacto del libro con el paso de los años, y demostrando al mismo tiempo la evolución de su pensamiento, que fue virando cada vez más hacia la lucha armada y alejándose del liberalismo de izquierda con el que escribió la primera versión.
Operación masacre es considerada una pieza de investigación periodística precursora del Nuevo Periodismo y considerada por algunos la primera novela testimonial o novela de no-ficción, anticipándose por diez años a A sangre fría del estadounidense Truman Capote, fundadora del género en el ámbito anglosajón.
Curiosamente, vio acontecer algo similar con su hija, Victoria, quien murió en la mañana del 29 de septiembre de 1976, al día siguiente de cumplir 26 años, durante un operativo militar con más de 150 soldados, tanques, autos y un helicóptero, que rodearon su casa de la calle Corro n° 105, en el barrio de Villa Luro, en la que Victoria Walsh se encontraba junto a su hija de un año.
Estaban, además de su familia que vivía en la casa. miembros de la secretaría política de Montoneros.
La niña fue escondida y Victoria Walsh junto a sus compañeros decidieron resistir el asedio. Después de aproximadamente una hora y media de resistencia, en la planta baja de la casa murieron tres militantes: Ismael Salame, Juan Carlos Coronel e Ignacio José Bertrán.
Victoria Walsh y Alberto Molinas, secretario nacional de Montoneros, ubicados en la terraza, respondieron con ametralladoras a los disparos de los soldados.
De acuerdo a los testimonios, Victoria se quitó la vida al agotarse las municiones. INS
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