Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 20 oct (INS).- Únicamente hay que imaginar las calles de una ciudad sin la red intrincada de cables eléctricos que afean el ambiente. O transitar por los expresos sin ver en el paisaje las torres de cables de alta tensión que cruzan las áreas rurales. Es ahí donde está la mayor vulnerabilidad del sistema de electrificación en temporada de huracanes.
Una asociación entre el gobierno de Nueva Zelanda y una startup llamada Emrod promete hacer esto posible y revivir el sueño de Nikola Tesla.
La electricidad inalámbrica suena a ciencia ficción, pero la tecnología se está haciendo realidad en un estudio a escala en ese país de Oceanía. En este programa piloto, el primero de su clase, la empresa Powerco -la segunda distribuidora de electricidad de Nueva Zelanda- ha comenzado la tecnología de Emrod desde el año pasado.
El plan experimental comienza desplegando el prototipo de la infraestructura de energía inalámbrica en una extensión de 40 metros. Para hacerlo posible, Emrod utiliza antenas rectificadoras, también conocidas como “rectennas”, que pasan microondas de electricidad de un punto a otro: una solución muy adecuada para el terreno montañoso del país.
Los elementos cuadrados especializados se montan en postes intermedios para que actúen como puntos de paso que mantienen la electricidad en funcionamiento, y una superficie más amplia “capta” toda la onda, por así decirlo.
“Hemos desarrollado una tecnología de transmisión de energía inalámbrica de largo alcance”, explica el fundador de Emrod, Greg Kushnir. “La tecnología en sí misma existe desde hace tiempo. Suena futurista y fantástico, pero ha sido un proceso iterativo desde Tesla”.
El vínculo con Tesla, admite Kushnir, es más una historia imaginativa que una verdadera genealogía. Tesla pensó en la energía inalámbrica en la década de 1890, mientras trabajaba en su innovador circuito transformador “bobina de Tesla” que generaba electricidad de corriente alterna, pero no pudo demostrar que podía controlar un haz de electricidad a larga distancia.
“El mero hecho de que pudiera imaginarlo es notable, pero el tipo de tecnología que pretendía aplicar no habría funcionado”, dice Kushnir.
Emrod, en cambio, puede mantener el haz de electricidad estrechado y concentrado con dos tecnologías. La primera está relacionada con la transmisión: los pequeños elementos de radio y los patrones de onda única crean un haz colimado, lo que significa que los rayos se alinean en paralelo y no se propagan mucho al hacerlo. En segundo lugar, Emrod utiliza metamateriales de ingeniería con patrones diminutos que interactúan eficazmente con esas ondas de radio.
Las antenas inalámbricas de Emrod constituyen un medio, como un cable, lo que significa que su cometido es simplemente conectar un suministro eléctrico a los clientes. Se prevé colocar la tecnología de Emrod en terrenos difíciles que conecten con los puntos más soleados, ventosos o hidroeléctricos de la Tierra, ya que estos lugares, a menudo rurales, son los que más carecen de electrificación.
Al eliminar la necesidad de largos tramos de cableado de cobre tradicional, Emrod afirma que puede llevar energía a estas regiones, que no pueden permitirse el tipo de infraestructura que soporta la red eléctrica. Esto también podría tener consecuencias positivas para el medio ambiente, ya que muchos lugares que no tienen acceso a la electricidad acaban recurriendo a generadores diésel para obtener energía.
Incluso hay oportunidades para apoyar los parques eólicos y solares en alta mar, dice Kushnir, porque el punto de fricción actual para esas formas de energía renovable se reduce al coste de la transmisión. En el estrecho de Cook, que conecta las islas del Norte y del Sur de Nueva Zelanda, los parques eólicos marinos requieren costosos cables submarinos.
En este momento, Kushnir cuenta con suficiente apoyo empresarial para dar los siguientes pasos normativos y empezar a difundir la tecnología de Emrod. El verdadero reto, dice, será tranquilizar y educar al público.
“Prevemos que habrá muchas reacciones similares a las que hemos visto con el 5G. La gente se opone a la radiación adicional que les rodea, y es completamente comprensible. Pero, afortunadamente, el haz controlado no emite ninguna radiación. No es un patrón tipo spray como el de una antena de teléfono móvil”, argumenta.
De modo que, si tiene éxito el programa piloto de Nueva Zelanda, la energía inalámbrica comienza a vislumbrarse también en el horizonte de Estados Unidos.
Ahora, con la visita a Puerto Rico de la secretaria del Departamento de Energía (DOE), Jennifer Granholm, para definir el proceso dirigido a la solución de la crisis de electrificación en territorio puertorriqueño, la innovación en la transmisión y distribución de la energía eléctrica parece cobrar vigencia. ¿Cuándo podrá verse esta innovación? Desgraciadamente, todavía es una incógnita. INS
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