Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 31 dic (INS),- En momentos de una transición de un año a otro, es conveniente comprender la metamorfosis del ser humano a través de la historia. Que el ser humano es una continua mutación que va transformándose con el paso del tiempo.
Hoy no seremos igual a nuestros ancestros y tampoco semejantes a quienes forjarán el futuro y nos sucederán. El pasado no se puede enmendar ni cambiar conforme a las valoraciones y conceptos del presente. Somos dueños únicamente del presente y colaboradores en el intento por pincelar un futuro que quienes lo forjarán verdaderamente serán los hombres del mañana, con sus acciones.
Esa crisálida que es el ser humano en la historia, completa su metamorfosis para luego volver a convertirse otra vez en nueva crisálida mutada que sufrirá otra metamorfosis distinta. El ser humano se transforma en el transcurso de la historia para seguir siendo en esencia e intrínsecamente siempre el mismo.
El boricua de hoy no es igual que el de ayer y será diferente al del futuro. Así como la definición de su gentilicio, Puerto Rico tampoco será como país semejante en el futuro al Puerto Rico de hoy o al que fue en el pasado.
Comprender esa realidad no faculta a nadie para profetizar a ciencia cierta cuál será definitivamente nuestro futuro como pueblo y como nación. Podemos, en todo caso, atisbar alguna que otra predicción. Visualizar traslúcidamente y de manera borrosa las proyecciones del futuro. Pero tan sólo eso.
Lo sabido categóricamente hoy es que ―como todos los seres humanos― los boricuas somos una crisálida en la metamorfosis de nuestra historia como pueblo y nación. Que como todos los seres humanos, somos mutantes, tanto morfológica como históricamente.
Por tanto, es de cierto seguro que Puerto Rico cambiará con el transcurso del tiempo. Confiamos en que ese cambio sea para bien. No si será bueno o malo, porque la historia no está regida por el maniqueísmo. La tendencia inherente a la historia es a relativizar los acontecimientos históricos, sin categorizaciones absolutas al pasar juicio sobre ellos. Analizar, no juzgar, es lo que aconsejan los historiadores.
Acatando ese consejo, habrá que analizar en su momento los cambios habidos en el futuro de la historia de Puerto Rico y siempre cabrá la interpretación de si fueron para bien o para mal, no si fueron buenos o malos.
Veámoslo así. La historia son hechos puntuales en los anales de la civilización humana y punto. Estamos únicamente facultados para ofrecer interpretaciones subjetivas en cuanto a si a nuestro entender hubo o no errores cometidos en cada acontecimiento histórico. Pero nunca juzgar maniqueamente los acontecimientos históricos como buenos o malos
Los cambios que habrá en Puerto Rico serán parte de su metamorfosis histórica; de la mutación inherente a cada pueblo que lo transforma con el tiempo, como se transformará, sin duda, su gente. Es con eso en mente que debemos recibir el año 2022 y todos los años nuevos venideros. INS
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