P. Rico-La muerte de Saraiva de Carvalho evoca la Revolución de los Claveles en Portugal

Otelo Saraiva de Carvalho en una foto de 1976. / Inter News Service

Por Rafael Santiago Medina

San Juan, 8 ago (INS).- En la mañana del 25 de julio pasado murió, a los 84 años, Otelo Saraiva de Carvalho, líder de la Revolución de los Claveles de Portugal, que derrocó la dictadura del Estado Novo de Antonio de Oliveira Salazar en abril de 1974.

Saraiva de Carvalho negoció la independencia de Mozambique unos meses después de la revolución, así como para las demás colonias portuguesas de ultramar, como Angola y Guinea-Bissau.

Como aliado de la facción más izquierdista del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), se vio cada vez más marginado a medida que Portugal se convirtió en una democracia europea.

Fue detenido en 1984, cuando trabajaba con movimientos de extrema izquierda y acusado de pertenecer al grupo militante FP-25, lo que negó; en 1987 fue sentenciado a 15 años de cárcel. Fue puesto en libertad dos años después e indultado en 1996.

Se cumplen 30 años de aquella revolución en que los jóvenes oficiales acabaron con la dictadura de 40 años de Portugal con la revolución incruenta de los claveles, que llevó a la independencia de sus colonias africanas.

En Mozambique se reaccionó a los acontecimientos del 25 de abril de 1974 con apologías a la revolución. Las víctimas del fascismo y el colonialismo sentían felicidad. Había motivos obvios para celebrar.

Cinco meses después, colonos de extrema derecha en Lourenço Marques (como se llamaba entonces a Maputo) intentaron un golpe violento contra el acuerdo de paz entre Portugal y Mozambique, que había sido firmado por Mario Soares y Samora Machel.

La Revolución de los Claveles agrupó a una amalgama de sectores políticos portugueses. Se le consideró por los politólogos como un huevo de cocodrilo: lo mismo puede desarrollarse como macho o hembra, dependiendo de la temperatura ambiente.

La Junta de Salvación Nacional (JSN), que agrupaba a los militares insurgentes, incluía a generales que habían resistido durante mucho tiempo los movimientos de liberación africanos. Destacan dentro de esa amalgama política militares como Galvao de Melo, quien había sido un halcón del aparato militar portugués.

Otros, como Antonio Spinola, se consideraban a sí mismos como los arquitectos de una política colonial reformada. No se oponían al régimen; simplemente no estaban de acuerdo con las tácticas que había utilizado para mantener la presencia portuguesa.

Las primeras declaraciones de la junta fueron ambiguas. El 29 de abril de 1974, el general Spinola prometió que “lo que tenemos en mente es una aceleración del proceso mediante el cual los pueblos africanos alcanzarán la autodeterminación bajo la bandera portuguesa”.

Incluso el general Costa Gomes, mucho más izquierdista, declaró que “pretendemos combatir a la guerrilla hasta que acepte nuestra propuesta de deponer las armas y convertirse en partidos políticos”.

Fue larga y dura la lucha por parte de los soldados revolucionarios del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), antes de que la idea de un colonialismo continuo fuera completamente vencida.

Miles de manifestantes marcharon en Portugal coreando “Ni un soldado más por las colonias”. Al mismo tiempo, en Mozambique, cientos de jóvenes se unieron en secreto a la guerrilla. Jóvenes que soñaban con la vida guerrillera.

Después de la revolución, el Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) decidió continuar su lucha militar: “No hemos estado luchando solo para acabar con el fascismo en Portugal”, explicaron los líderes de la guerrilla nacionalista, “sino sobre todo para acabar con el colonialismo en Mozambique”.

Los movimientos de liberación en las demás colonias africanas de Portugal (Angola, Santo Tomé, Cabo Verde y Guinea-Bissau) acogieron con satisfacción la caída de la dictadura, no sin dejar de reconocer que sus propias luchas habían sido un factor clave. INS

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