Por Jesús Dávila
San Juan, 17 abr (INS).- Científicos y artistas puertorriqueños muestran en abril una intensidad en sus trabajos que contrasta con la eliminación de fondos para las ciencias y la cultura de Puerto Rico decretada por Washington, como parte de una estrategia de restauración imperial que reclama dejar su huella interna y externa en diversas latitudes.
El “BioBlitz” en el Recinto Universitario de Bayamón, con científicos y estudiantes, así como la exposición del grabado del Museo de la Universidad de Puerto Rico son apenas dos de los ejemplos este mismo mes de una voluntad de no rendirse que crece.
Pero la avanzada del nuevo gobierno de EEUU va desde la eliminación sistemática de conquistas sociales y políticas de su propia población y de esta colonia hasta imponer su soberanía en Groenlandia, Canadá, el Canal de Panamá, Palestina, Ucrania y alrededor del mundo.
De igual manera, la proclamación de una moral a la medida del gobierno estadounidense abarca desde la criminalización de los inmigrantes y de grupos tenidos por minoritarios hasta la conversión de cárceles en la ilegal base naval de Guantánamo, en Cuba, y El Salvador como conato de una especie de “archipiélago Gulag” en el hemisferio occidental en el que no haya protección alguna para derechos civiles y humanos.
En la agenda de las imposiciones de distintos tipos de soberanía imperial contra otros países están naciones a las que EEUU considera enemigas o competidoras en poderío regional o mundial, como China, Rusia, Irán, Cuba, Nicaragua y Venezuela. Pero también están los países “amigos” como México, Brasil, Ecuador, El Salvador, la Unión Europea, Dinamarca y Australia, hasta islas habitadas por pingüinos… y siga sumando.
Es como si, de pronto, el mundo completo representara diversos tipos de amenaza a la seguridad nacional interna de EEUU. Así las cosas, Washington reparte insultos y amenazas, desde Hong Kong hasta El Vaticano, y, la mera posesión de algún recurso mineral, económico o cualquier ubicación geográfica, que no controlen los EEUU, constituyen amenaza para su libertad soberana.
En ese marco, el recorte sistemático y silencioso en la financiación de Puerto Rico convierte a esta pequeña nación isleña en un posible punto de ahogo para toda la estrategia neoimperial y en prueba del poco valor que ahora otorga Washington a la lealtad de sus “amigos” y de lo que podría esperarles.
La situación actual contrasta con el uso de Puerto Rico durante la segunda mitad del siglo XX como vitrina de la democracia estadounidense, el sostenimiento de su economía y el fomento de una llamada pequeña burguesía de Estado, que daban al territorio isleño la apariencia de un país desarrollado. Durante las primeras dos décadas del siglo XXI, todo aquello comenzó a rodar por el suelo pero, durante este año, las medidas tomadas por Washington han acelerado la crisis.
Las cartas de terminación comenzaron a recibirse el día 2 de este mes de abril. Ahora, es cosa del pasado la estabilidad y la lealtad que proporcionaban los cientos de millones de dólares transferidos para la investigación científica y las decenas de millones de dólares que se usaban para el fomento de las artes y la cultura.
Copia de una de esas cartas liquidando fondos para investigación científica, obtenida por la agencia NCM Noticias, dice que “no hay acciones correctivas posibles en este caso” por lo que no se suspenden, sino que se dan por terminadas las transferencias de dinero.
La carta da una larga explicación sobre la falta de validez y utilidad científica para mejorar la salud y alargar la vida de los “americanos” y “peor aún, los estudios de la llamada diversidad, equidad e inclusión (DEI) se usan corrientemente para apoyar la discriminación a base de raza y otras características protegidas que hacen daño a la salud de los americanos”.
Los estudios científicos de Puerto Rico buscan curas a problemas de salud en general, pero, debido a que los puertorriqueños son considerados “minoría” por parte de EEUU, mucho del dinero se ha conseguido por muchos años a base del sistema “DEI”. En Puerto Rico, por supuesto, los que son una exigua minoría son los estadounidenses, pero esa lectura al revés de la situación colonial expone a los jóvenes y las próximas generaciones a no poder avanzar en sus carreras científicas o culturales.
Se trata de recortes que afectan a todos los estados y territorios de EEUU, pero en el caso de Puerto Rico, una nación caribeña y latinoamericana, condenan a casi toda la población. Algo similar ocurre con la criminalización y persecución de los inmigrantes -en especial, dominicanos y haitianos- que no son considerados una amenaza en Puerto Rico, sino una aportación significativa a la economía y la sociedad.
Durante el cuatrienio anterior solamente, los fondos enviados por los Institutos Nacionales de Salud de EEUU para experimentos y proyectos científicos en Puerto Rico sumaron más de 200 millones de dólares, que ahora quedan en entredicho. Otro tanto pasa con los fondos del Fideicomiso Nacional para las Humanidades, que ha repartido en Puerto Rico más de 30 de millones de dólares.
Todo eso ocurre en el marco del largo descalabro económico, quiebra fiscal, un sistema destartalado de producción y distribución de energía eléctrica, la eliminación de fondos de EEUU para programas vitales como vacunas y prevención de las adicciones a drogas y el dominio del país por una junta de control fiscal designada por Washington cuyo poder está por encima del gobierno de Puerto Rico.
Ahora, la situación de Puerto Rico, como frontera artificial a más de mil kilómetros al sur de la frontera real estadounidense en la Florida, se convierte en una auténtica amenaza para la estabilidad de EEUU, y en punto de intercambio del contrabando de drogas hacia el norte y armas hacia el sur. En ese escenario, las medidas de control policial no aparentan tener mucho éxito mientras aumenta la corrupción visible en la elite leal a Washington, y, aunque el tiempo avanza, sigue siendo impredecible lo que pasará con Puerto Rico.
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Inter News Service Agencia de Noticias