Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 14 dic (INS).- Es como si Puerto Rico estuviera pretendiendo administrar el caos gubernamental sin salir de él. Prolongarle la vida a un sistema de gobierno que no funciona, sin pretender hacer cambios estructurales ni sistémicos.
Lo que ha habido políticamente en Puerto Rico es una gerencia pública lampedusiana con fines únicamente electoreros por parte de los partidos políticos que se han turnado durante los últimos años en el poder, realizando banales ejecutorias políticas.
El gatopardismo es lo que ha definido la política últimamente en Puerto Rico. No hay un fin de redefinir sistémicamente al país de manera radical, reestructurando nuestro sistema económico, social y político desde sus cimientos. De rehacer el ordenamiento de un sistema de gobierno que está en decadente obsolescencia y que no ofrece perspectiva de futuro promisorio.
De lo que se trata programáticamente mediante la administración pública de los partidos que se han turnado en el poder durante los últimos años en Puerto Rico es administrar el caos, prolongando la crisis de la cotidianidad de un sistema político y económico, que no se ajusta a la realidad del presente.
Para el cambio requerido en Puerto Rico se necesita valentía, determinación y voluntad política sin miramientos electoreros. Es política de Estado, no políticas efímeras de administración pública que lo único que pretenden es el manejo gerencial del caos gubernamental, sin realizar cambios trascendentes.
En definitiva, lo que hay en Puerto Rico es un gatopardismo de efectos pasajeros para un cuatrienio. Simulaciones de cambios que no cambian realmente nada. Puros retoques cosméticos.
Las próximas elecciones generales de 2024 en Puerto Rico tienen que ser para la selección de propuestas de cambios definitorios, reales, a largo plazo, no aparentes y ficticios. Hay que elegir para la gobernanza de este país candidatos, tanto en la Rama Legislativa como Ejecutiva, con voluntad política transformadora. Se necesita un golpe de timón que reoriente el rumbo político y económico de este país.
Para enfilar la proa de la nación puertorriqueña hacia nuevos horizontes de progreso hay que romper con el bipartidismo sistémico que nos mantiene a la deriva por las mismas aguas procelosas de la decadencia económica y obsolescencia infraestructural.
Necesitamos redefinir nuestro rumbo político si queremos salir del sifón del remolino que nos va hundiendo en una dependencia de auxilios transitorios y asistencialismos que impiden que dejemos de seguir dando vueltas en un mismo sitio del que no hemos podido salir durante los últimos años. Es la política de dar vueltas como el carrusel, pretendiendo que avanzamos, cuando estamos dando vueltas en un mismo sitio sin adelantar. INS
rsm/aa
Inter News Service Agencia de Noticias