P. Rico-La libertad de prensa en la actualidad (análisis)

Por Rafael Santiago Medina

San Juan, 8 mar (INS).- De igual forma que los grandes medios comerciales de prensa han cerrado filas en todo el mundo con las autoridades sanitarias sobre la vacunación contra el Covid-19, también se está viendo cómo también cierran filas con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la Unión Europea (UE) y el presidente estadounidense Joe Biden acerca de la condena a Rusia en el conflicto bélico de Ucrania y la denominación del presidente ruso Vladimir Putin.

Puede verse cómo se censura en todos los medios de comunicación social y medios oficiales de la gran prensa comercial y corporativa cualquier asomo de dar a conocer la versión rusa del conflicto bélico, considerándolo inmediatamente de bulo noticioso o «fake news». Así ha sucedido con cualquier cuestionamiento a la vacuna contra el Covid-19, en el dominio de las políticas sanitarias por las grandes empresas farmacéuticas transnacionales.

Esa nueva revalorización de la libertad de prensa se amolda al dirigismo desde las élites del poder en la imposición revisionista de un nuevo concepto de democracia, a tono con los designios de un nuevo orden mundial. La libertad de expresión pública y la libertad de prensa se deja tan solo para la política interna nacional (doméstica como mal se le denomina) de cada país. Otra cosa, entonces, sería aquello que tienda a trastocar el nuevo ordenamiento mundial.

No obstante, las políticas nacionales se van ajustando cada día más con los conceptos de ese nuevo orden mundial, en una suerte de plutocracia, no de intereses individualizados, sino corporativos, donde las empresas transnacionales asumen cada vez más poder decisional en la política. El poder económico se va concentrando en unas pocas empresas transnacionales que se están haciendo con el control del mundo.

La democracia y la libertad de prensa se guarda exclusivamente para fiscalizar el manejo y administración de los haberes públicos y las políticas internas en cada país para la gobernanza dentro de un marco internacional de un nuevo orden mundial, porque ya prácticamente todo está globalizado, empezando por la economía y el comercio.

La globalización de la política en un intento por imponer un nuevo orden mundial unipolar del poder, donde Estados Unidos y la Unión Europea (UE) juegan un papel primordial. China y Rusia no tienen cabida en ese nuevo orden, a menos que haya grandes transformaciones en sus sistemas de gobernanzas que se amolden a lo que se exige para ser parte de él.

Es requisito esencial para entrar a ese nuevo orden mundial que los gobiernos se abran al dominio del corporativismo empresarial transnacional. No son en ese nuevo orden mundial los políticos individualmente ni la institucionalidad partidaria los que dictan la política, sino que las sociedades del mundo empiezan a regirse por un capitalismo de entera liberalidad a las leyes del mercado. Se exige a los políticos que sean dóciles a esas leyes del mercado capitalista, por lo que está vedada toda intervención externa a ellas.

No está permitida una planificación económica que intervenga o altere las leyes del mercado bajo el libre desempeño del empresarismo transnacional que rige ese nuevo orden mundial, por lo que no hay dirigismo desde la política para la economía y los mercados nacionales e internacionales. INS

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