Por Eduardo Villanueva Muñoz/Especial Inter News Service
Isabela, 5 ene (INS).- Yo tenía un amigo que decía que ser bobo es una carrera. Cada día me convenzo más de que tenía razón. Me encanta la fiesta de los Reyes Magos.
Me siento orgulloso de ver y estudiar como mi pueblo resiste el embate cultural y comercial, para que los olvidemos y los sustituyamos por el viejo “Santa Clo”, sus trineos y sus adornos de nieve en oficinas gubernamentales, incluyendo los tribunales.
Aun así hay fiesta de Reyes en Juana Diaz, en Isabela, en Moca, en Aguadilla, en Comerío, en Orocovis , entre otros pueblos. Existen los Reyes de Juana Diaz y los Reyes Cantores de Isabela, a quienes un niño de mi pueblo, isabela, le dijo a la mama: Mami, esos Reyes son de verdad porque las barbas son reales, no son postizas.
Todavía cientos de miles de padres e hijos recogen yerba para los camellos y le ponen agua la víspera de Reyes. Esa ilusión, sociológicamente cultivada, reverencialmente observada, me hace llorar.
Algunos piensan que los Reyes ya no tienen corazón, porque todavía hay niños y niñas pobres en riesgo de no recibir regalos. Pero hay iglesias, instituciones ONG y personalidades de la sociedad civil que se encargan de que los niños y niñas pobres también reciban regalos y se mantenga el culto, entre santo y secular a los Santos Reyes.
Eso también me hace llorar, a escondidas, detrás de la puerta, sin que nadie me vea ni me oiga. Son aquellas pequeñas cosas que nos acechan detrás de la puerta y nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.
Cuando la ilusión casi muere y los niños o niñas reciben el mensaje de que los Reyes no existen, como se concibe ramplonamente la existencia, porque nadie los ve ni cree que puedan venir de tan lejos; los Santos Reyes hacen su milagro.
Logran que gente les ofrezca promesas por la salud de sus hijos y familiares y Dios los oye y cuando se pide con fe, los cura, les da una oportunidad de que la ciencia y lo místico operen y sanen. Se renueva en el misterio el culto a los Reyes, resurge un pueblo en luchas diversas, se baila en las calles para que no acabe la navidad y sigamos persiguiendo el amoroso don de la hermandad.
Eso me conmueve y vuelvo a llorar; sé que es una tontería, tal vez una cursilería, pero comprendo en toda la profundidad del misterio; que ser bobo es una carrera y la ejerzo sin sentir vergüenza, porque ejerciéndola voy creciendo en el espíritu. Lo sé, son cosas de bobo y qué y qué, es la carrera que asumo por amor a mi pueblo en lucha. INS
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