P. Rico-Superar el sistema patriarcal islámico es prioritario, tan prioritario como lo es superarlo en sociedades cristianas con un patriarcado reminiscente

La lucha de las mujeres iraníes por sus derechos resulta conmovedora. / Inter News Service

Por Rafael Santiago Medina

San Juan, 23 nov (INS).- Tanto el cristianismo como el islamismo nacen del judaísmo. El cristianismo ha ido superando históricamente poco a poco su patriarcado. Aunque todavía quedan innegablemente sociedades cristianas con intrínsecas reminiscencias de ese patriarcado originario.

Sin embargo, se pugna intensamente al interior de esas sociedades cristianas por superarlo y poco a poco se va logrando. Contrario al islamismo, en el que se reprime brutalmente a las mujeres y a los hombres que se atreven y arriesgan en la lucha contra el patriarcado. Y no logran las sociedades musulmanas dar pasos dirigidos a desarraigarse del sistema patriarcal.

Se trata de un sistema de dominio institucionalizado que mantiene la subordinación e invisibiliza a las mujeres y a todo aquello considerado como femenino frente a lo varonil y a lo masculino. Se crea con ello una situación de desigualdad estructural y sistémica basada sencillamente en el aspecto biológico del sexo. Esto no encaja con la modernidad que está haciéndose presente en todas las culturas del mundo.

Tal situación de desigualdad estructural y sistémica tan cultural y religiosamente arraigada es vista desde Occidente, pero ahora ya desde las entrañas mismas de los pueblos musulmanes, como un baldón para el islamismo, que las sociedades que profesan esta religión deben superar.

Poder rebasar esa desigualdad estructural y sistémica no debe considerarse por los musulmanes como una profanación del islam. Principalmente, por los fundamentalistas. El peor escollo para lograr esa superación es la proliferación y establecimiento de regímenes islámicos integristas.

El llamado integrismo islámico es el sistema político de totalitarismo y opresión identitarios de la cultura y religión islámicas. La sharía se convierte en el fundamento estatutario de la sociedad, en el que la política y la religión se confunden y convierten en una misma cosa.

Mediante el integrismo islámico el teísmo rige la sociedad de manera absoluta. Un régimen político confesionista al islam no permite la disensión ni desafección de nada ni nadie. Aquél o aquélla de la sociedad que disienta, se considera un apóstata.

Mujeres en sociedades musulmanas, y recientemente específicamente en Irán, se soliviantan en lucha por la libertad y contra la opresión del integrismo islámico. Pero la represión es cruenta. Se acusa a las mujeres y hombres soliviantados de ser títeres al servicio de los intereses de Occidente. La lucha de las mujeres por liberarse de los dictámenes del sistema patriarcal islámico recibe el respaldo de los hombres jóvenes con ideales liberales, especialmente de universitarios.

Superar las tradiciones patriarcales del islamismo es una idea en ciernes, de la cual es difícil predecir el futuro en las sociedades musulmanas. Vencer la tacha de ser una apostasía del islam requiere mucha determinación y voluntad férrea para adoptar tendencias culturales o ideológicas contracorrientes en una sociedad teísta dominada por el integrismo religioso.

No obstante, las sociedades musulmanas no están exentas de los desafíos de una secularidad transformadora y deshacedora del teísmo integrista islámico por un dictamen religioso oficial impuesto.

El patriarcado islámico totalitario está en entredicho, como lo está toda reminiscencia existente todavía del patriarcado y machismo en las sociedades cristianas. Aunque en las sociedades y culturas musulmanes ese patriarcado es más restrictivo que en las sociedades y culturas cristianas de sistemas patriarcales reminiscentes. En una y otra sociedad urge la erradicación del sistema patriarcal.

Pero, sin duda, con más urgencia y prioridad en las sociedades musulmanas, por haber en ellas más restricciones contra la mujer. INS

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