
Algunos de los pozos lunares. / Inter News Service/NASA
Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 28 jul (INS).- En estos días se han informado acerca de dos descubrimientos alucinantes en dos disciplinas científicas.
Uno es de carácter biológico, y arroja luz sobre una “red lingüística neuronal en el cerebro. Durante décadas, los neurocientíficos han descrito la red neuronal y mapeado las regiones del cerebro especializadas en el lenguaje, pero los estudios se habían limitado a personas angloparlantes.
Recientemente, sin embargo, investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) demostraron la existencia de una “red lingüística universal” en hablantes de 45 lenguas, un hallazgo que podría revelar los procesos cognitivos que subyacen a todo el lenguaje hablado.
Con la finalidad de comprobar si las propiedades esenciales de la red lingüística (como la selectividad, la localización o la lateralización izquierda) eran similares entre personas no anglófonas y angloparlantes nativos, los investigadores analizaron imágenes cerebrales de dos hablantes de 45 lenguas pertenecientes a 12 familias lingüísticas distintas.
Durante las pruebas, los científicos escanearon los cerebros de los participantes con imágenes de resonancia magnética mientras leían o escuchaban 27 pasajes de “Alicia en el país de las maravillas”.
Asimismo, pidieron a los participantes realizar tareas cognitivas que no activaran la región cerebral a cargo del lenguaje, como resolver problemas matemáticos, con lo que lograron distinguir la red lingüística de otras áreas.
Luego de analizar las imágenes, los expertos descubrieron que las redes neuronales activadas se encontraban aproximadamente en las mismas regiones cerebrales y tenían la misma selectividad que los cerebros de los hablantes nativos de inglés.
Además, comprobaron que las áreas lingüísticas frontales y temporales, que se activan simultáneamente en la población angloparlante, se sincronizan de la misma forma en todos los casos.
Pese a que la estructura general de la red lingüística es similar, los académicos advirtieron la existencia de cierta variación entre los individuos; sin embargo, indican que estas diferencias también se observan típicamente entre hablantes de distintas variantes del inglés.
Evelina Fedorenko, coautora de la investigación, explicó que los resultados son fundacionales y abren la puerta para comenzar a estudiar diferencias específicas entre los hablantes de lenguas que se estructuran y tienen características distintas.
Por ejemplo, señaló la experta, ahora podrían enfocarse en las variaciones entre idiomas en los que el orden de las palabras determina el sentido de la oración, como el inglés, y aquellos con una sintaxis más flexible, como el ruso.
Del mismo modo, apuntó que cabría explorar si los hablantes de lenguas tonales, como el mandarín, que utilizan diferencias de tono en las sílabas para dar distintos significados a las palabras, tendrían una red neuronal con vínculos más fuertes con las regiones cerebrales auditivas.
El resumen de la investigación fue publicado recientemente en la revista Nature Neuroscience.
Pozos lunares
Aparte, y en una disciplina científica totalmente distinta, astrónomos de la NASA descubrieron que en unas estructuras geológicas peculiares, conocidas como pozos lunares, las temperaturas se mantienen en alrededor de los 17° C.
El hallazgo podría ser de mucho interés para la futura exploración humana de la Luna, pues esas áreas de sombras son excelentes para trabajar y vivir. El descubrimiento fue publicado en la revista Geophysical Research Letters.
Los investigadores, valiéndose de las herramientas del satélite orbital de reconocimiento lunar (LRO, siglas en inglés) para realizar las mediciones y utilizando modelos informáticos, descubrieron que la temperatura de un pozo de 100 metros de profundidad, en el Mar de la Tranquilidad, solo cambia ligeramente durante el día lunar.
La NASA explica que durante el día lunar (no confundir con el ciclo lunar), haciendo referencia a la incidencia de la luz solar, que tiene dos semanas de duración, la temperatura en la superficie lunar puede ser más alta que la temperatura a la que hierve el agua en la Tierra. Sin embargo, los expertos determinaron que la temperatura en los pozos parece ser diferente a la de la superficie.
Noah E. Petro, científico del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Maryland, dijo que los pozos lunares “son una característica fascinante en la superficie lunar”. También explicó que saber que crean un entorno térmico estable abre la “posibilidad de explorarlos algún día”.
En el mismo comunicado, el investigador Tyler Horvath dijo que “alrededor de 16 de los más de 200 pozos (hasta ahora identificados) son probablemente tubos de lava colapsados”. Este hecho da la posibilidad de que al menos algunos de ellos “sean una puerta (o ventana de techo) a una cueva”.
Los científicos vieron por primera vez los pozos en 2009 y, desde entonces, se han cuestionado si estos, y las cuevas a las que dan acceso, podrían ser refugios donde los astronautas se protejan de las duras condiciones de la superficie lunar.
Entre los severos desafíos a enfrentar durante los viajes a nuestro satélite natural, están los cambios drásticos de temperatura, los rayos cósmicos, la radiación solar y los micrometeoritos.
“Los humanos evolucionaron viviendo en cuevas, y a las cuevas podríamos regresar cuando vivamos en la Luna”, explicó el coautor del estudio, David Paige, líder del experimento del radiómetro infrarrojo, a bordo del LRO, utilizado para realizar las mediciones de temperatura.
El equipo de investigadores concluyó que, para la colonización y exploración de la Luna a largo plazo, los pozos y las cuevas pueden ofrecer una mayor seguridad para la misión que otros posibles lugares, proporcionando un valioso trampolín para sostener la vida humana más allá de la Tierra. INS
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