
Contaminar el medio ambiente pone en peligro de extinción a especies, como los lemures de Madagascar. / Inter News Service/National Geographic
Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 23 abr (INS).- Finalizada la Semana de la Tierra, y el 22 de abril como su día, concluidos los debates, análisis y señalamientos sobre el tema, quedan únicamente las babosadas: la retórica hueca y poco resolutiva.
El Día Mundial de la Tierra se celebra desde hace poco más de 50 años en gran parte del planeta y es una fecha que pretende generar conciencia sobre la importancia del cuidado de la naturaleza y los seres vivos.
Ciertamente, la guerra de retoricismo que la fecha ha significado históricamente ha sido hasta ahora una batalla perdida frente al capitalismo depredador que ha imperado durante más de un siglo. Aunque siempre queda viva la esperanza, puesto que la guerra no ha concluido.
La depredación antropogénica del planeta, la extracción abusiva de todos sus recursos naturales, la contaminación mediante la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera y su concomitante cambio climático, haciéndolo cada vez menos habitable; la contaminación del agua que bebemos y del mar están moviendo a buscar alternativas para frenar esta faena destructiva.
Cobrar plena conciencia de lo que el ser humano está haciendo con su hábitat, su único hábitat posible hasta ahora en este globo planetario cósmico que habita, es lo que se espera más allá de la retórica que procura e insta a hacer algo, sin que al final de haga nada.
La sequía y la escasez de agua se están haciendo un problema cada vez más apremiante en el mundo. El 70% de la superficie de la tierra está cubierta de agua, pero el 97.5% es agua de mar, agua que no se puede beber y que no es apta para el consumo humano. La demanda de agua crece y está previsto que aumente en un 55% hasta el año 2050.
El mundo está enfrentando un problema creciente con la calidad del agua y su mal estado, que es causa de enfermedades mortales que afectan principalmente a niños. Por ejemplo, la diarrea supone el 40% de las muertes infantiles en una emergencia. Prácticamente la mitad de estas muertes se podrían evitar con el simple gesto de lavarse las manos.
Por otro lado, los desechos y residuos de nuestro consumo excesivo agravan los problemas medioambientales globales. Durante el año 2014, los residuos generados en la Unión Europea, por las empresas y los hogares ascendieron a 2,503 millones de toneladas, que es la cifra más alta que se ha registrado en la Unión Europea durante el período de 2004 a 2014.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que hay una estrecha relación entre la salud respiratoria-cardiovascular y los niveles de polución del aire. La contaminación del aire que respiramos por las emisiones de gases es uno de los problemas medioambientales más preocupantes.
Actualmente, China es el país más contaminante en cuanto a emisiones de CO2, pues emite 10.64 kilotones, seguida por Estados Unidos, con 5.17.
Basado en los datos de la Asociación de Empresas Gestoras de los Transportes Urbanos Colectivos (ATUC), el uso del transporte público evita la emisión de hasta cinco millones de toneladas de CO2 al año, por lo que con gestos sencillos como el uso del transporte público o de coches eléctricos, podemos contribuir a tener un aire mejor.
Otra situación que hace que el planeta Tierra sea cada vez menos habitable es la contaminación del mar, que se debe, entre otras causas, al uso de sustancias tóxicas derivadas de la industria, de pesticidas que se utilizan en la agricultura o al vertido de petróleo. Esto supone un grave problema que se puede trasladar a nuestra propia cadena alimentaria.
Todo lo que ocurre en el medio ambiente está relacionado, y la extinción de las especies es una de las consecuencias de todas las problemáticas que hemos descrito anteriormente.
Según el Índice Planeta Vivo 2016 la población del mundo de peces, aves, anfibios, mamíferos y reptiles disminuyó en un 58% entre 1970 y 2012.
El aumento de las especies en peligro de extinción y la reducción de la biodiversidad son dos cuestiones que deben preocuparnos, aunque todavía estamos a tiempo de poner de nuestra parte para minimizarlas o, en algunos casos, revertir la tendencia.
No hay otra opción que vivir en armonía con la naturaleza y legar a las generaciones futuras un planeta sano y plenamente habitable. INS
rsm/aa
Inter News Service Agencia de Noticias