Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 3 feb (INS).- Puerto Rico languidece. La adversidad ha sido implacable en los últimos años. Amilana a su gente. Decae la frágil presteza de ánimo que había, cuando la hubo. Flaquea la voluntad. Cae vencida ante el designio que le ha deparado el azar. La pusilanimidad deforma el carácter colectivo que conforma su identidad como nación.
El éxodo es la válvula de escape. Huir es más fácil que enfrentar y transformar lo que impide las respuestas nacionales efectivas a la adversidad. Los que sienten la necesidad de abandonar el lar nativo se dicen a sí mismos: volveremos cuando las cosas hayan cambiado. La pasividad encuentra respuesta en el éxodo.
Hay sentido de movimiento en el éxodo, pero no voluntad de lucha dirigidas a transformaciones del lar patrio. No esperar que las cosas cambien, sino tener voluntad para cambiarlas. Carecemos de esa voluntad de lucha. Somos pasivos ante la adversidad y a lo único que nos atrevemos es a la trashumancia fuera del terruño.
La fuga migratoria acrecienta la diáspora en Estados Unidos. Ya son más por mucho los boricuas allá que los boricuas en territorio puertorriqueño. Hay en ello pusilanimidad de enfrentar el avatar político y las vicisitudes económicas de la nación puertorriqueña desde adentro. Es más fácil esperar a ver lo que pasa desde afuera.
Vemos pasar el tren de la historia sin abordarlo. El pueblo de Puerto Rico se ha mantenido expectantes en la estación del tren, sin tomar una determinación. Es por eso que vemos cómo el progreso se esfuma ante nuestros ojos, a resultas de ser expectantes pasivos que se conforma con ver pasar la historia frente a nosotros, sin disponernos a formar parte de ella.
Las cosas siguen de mal en peor en Puerto Rico. Esperamos pacientemente que un día llegue el cambio. Pero no hacemos nada por cambiar las cosas. Sigue ausente de nosotros la voluntad de transformación. Falta determinación. Es como único puede venir el cambio.
Mientras todo continúe así, Puerto Rico seguirá languideciendo. El futuro de nuestra nación estará en manos del azar. La fuerza del destino será la que determine el presente y el porvenir de Puerto Rico, si sigue ausente la voluntad del pueblo puertorriqueño para tomar el timón en sus manos y darle curso a la trayectoria de nuestra historia. Poner la proa de la embarcación en ruta hacia un horizonte promisorio y esperanzador. INS
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