
Periodistas y autoridades de Cuernavaca. Inter News Service
Por C. Felipe Villa Prado/Especial Inter News Service
Cuernavaca, 23 may (INS).- El Primer Congreso de la Unión Internacional de Periodistas (UIP) realizado en Cuernavaca, la ciudad de la eterna primavera en el Estado de Morelos, México, terminó convirtiéndose en mucho más que un encuentro profesional o académico. Sus ponencias, debates y declaración final lograron anticipar con una claridad inquietante el escenario político que hoy comienza a vivir Chile.
El contenido central del Congreso abordó uno de los mayores desafíos del mundo: el avance de gobiernos que llegan al poder impulsados por campañas construidas desde el miedo, la polarización y las falsas soluciones simples frente a problemas profundamente complejos.
La declaración final fue categórica al advertir que las democracias comienzan a deteriorarse cuando el poder político se concentra, las instituciones se debilitan, la comunicación pública reemplaza la transparencia por propaganda y las crisis económicas terminan siendo descargadas sobre la ciudadanía.
Precisamente eso es lo que hoy comienza a reflejar en Chile el gobierno de José Antonio Kast.
Muchos ciudadanos votaron con temor. Se instaló la idea de que Chile estaba al borde del colapso, que el progresismo destruiría la estabilidad nacional y que bastaba expulsar 300 mil migrantes para resolver inseguridad, desempleo y crisis social.
Miles de personas terminaron creyendo que el miedo podía transformarse en un proyecto de gobernabilidad.
Pero la realidad comenzó rápidamente a derrumbar ese discurso.
La salida de la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, y de la vocera de Gobierno, Mara Sedini, a solo 69 días de iniciado el mandato demuestra improvisación, desorden político y una evidente fragilidad interna en áreas que el propio gobierno presentó como prioritarias.
Y la decisión de transformar al ministro del Interior en “biministro”, concentrando además la vocería de Gobierno, representa exactamente uno de los riesgos advertidos durante el Congreso de la Unión Internacional de Periodistas: gobiernos que enfrentan crisis fortaleciendo la concentración del poder en lugar de fortalecer la institucionalidad democrática.
Eso no proyecta estabilidad. Proyecta temor al desgaste político.
Cada una de las ponencias desarrolladas en Cuernavaca abordó dimensiones que hoy adquieren total vigencia en Chile.
Las exposiciones sobre comunicación política y desinformación advirtieron cómo los discursos extremos pueden movilizar electoralmente a una sociedad cansada y golpeada por la inseguridad.
Las ponencias sobre democracia y libertad de expresión alertaron sobre el debilitamiento de las instituciones cuando los gobiernos priorizan control político por sobre capacidad técnica.
Los debates sobre sostenibilidad social y gobernabilidad fueron claros en señalar que ningún país puede reconstruirse debilitando a su clase media ni sacrificando protección social.
Y precisamente ahí aparece el mayor riesgo del llamado “Plan de Reconstrucción de Chile”.
El recorte de seis mil millones de dólares anunciado por el gobierno inevitablemente terminará afectando educación pública, salud, programas sociales, inversión regional y oportunidades para miles de familias.
Porque los ajustes económicos nunca golpean primero a quienes concentran privilegios.
Golpean a quienes viven del salario. Golpean a los estudiantes. Golpean a los adultos mayores. Golpean a quienes sostienen diariamente el país con esfuerzo y dignidad. La gran contradicción comienza entonces a hacerse evidente.
Muchos ciudadanos votaron buscando seguridad y estabilidad, pero hoy podrían terminar enfrentando más incertidumbre económica, más concentración política y un debilitamiento progresivo del rol social del Estado.
El Congreso Internacional de la Unión Internacional de Periodistas fue visionario porque comprendió antes que muchos sectores políticos que las campañas construidas desde el miedo pueden ganar elecciones, pero difícilmente logran sostener gobernabilidad real cuando las promesas chocan con la complejidad del Estado.
Y por eso la declaración final de Cuernavaca adquiere hoy una dimensión histórica.
No solamente analizó una crisis del periodismo en el mundo de hecho, terminó anticipando el escenario político que actualmente vive Chile. Por eso la responsabilidad del Congreso chileno es enorme.
Diputados y senadores deberán decidir si actuarán como representantes de la ciudadanía o simplemente como operadores políticos de un proyecto que podría terminar debilitando aún más a la clase media y sectores vulnerables.
La historia no recordará discursos, recordará decisiones. Porque todavía existe tiempo para corregir errores. Todavía existe tiempo para comprender que ningún país se reconstruye desde el miedo, la concentración del poder o castigando socialmente a quienes más necesitan estabilidad.
Chile necesita instituciones fuertes, necesita diálogo, necesita responsabilidad política, pero sobre todo necesita ciudadanos capaces de mirar más allá de las campañas del terror y comprender que las consecuencias de un voto no duran una elección.
Pueden marcar el destino de un país durante años. INS
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* El autor, C. Felipe Villa Prado, es presidente de la Unión Internacional de Periodistas.
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