Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 24 nov (INS).- En la madrugada de este viernes correrán desesperados miles de puertorriqueños a hacer largas filas frente a los comercios para la venta del madrugador, como todos los años, en busca de especiales de bajos precios de mercaderías y bienes.
El desenfreno en la época navideña desemboca en gastos excesivos para familias que rebasan sus ingresos económicos, engañados por la idea de que la Navidad es sinónimo ineludible de hacer compras, consumir mercaderías y adquirir bienes.
Con esta deformación del concepto de Navidad, coexiste la idea de que cuantos más bienes se adquieran, más felicidad se logra y mejor se aprovecha la época celebrativa navideña.
Adquirir bienes se asocia con placer y felicidad, en una vida materialista y utilitarista de consumo y de satisfacciones hedonistas, contrario a todas las enseñanzas prístinas de lo que se celebra en la época navideña.
La comercialización de todo es un mal que parece característico de la modernidad, cuando todo parece quererse mercadear, y por lo visto, se logra. Comercializada la Navidad, el viernes del madrugador ha pasado a ser parte de la tradición navideña.
En un país endeudado, como lo está también gran parte del pueblo, la comercialización de la Navidad, reforzada con ardides de mercadotecnia como el viernes del madrugador, tiene concomitancias sociológicas adversas que deterioran la salud mental con expectativas consumistas asociadas equivocadamente a la felicidad personal. Si dichas expectativas no se pueden satisfacer, el resultado es la angustia y el deterioro emocional.
No faltan los llamados a que la prensa haga su parte para que el consumismo desenfrenado no desemboque en mayor deterioro social y la calidad de vida de los puertorriqueños siga empeorando. INS
rsm/aa
Inter News Service Agencia de Noticias