Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 23 nov (INS).- Se inicia con el Día de Acción de Gracias el preámbulo de la Navidad. Etimológicamente, el origen de la palabra Navidad proviene de natividad, que significa nacimiento. La Navidad conmemora el nacimiento de Jesús de Nazaret, en la ciudad de Belén. Con sus enseñanzas peripatéticas de Jesús en su adultez surgió el cristianismo, el nombre de una religión cuya etimología procede del alias Jesucristo, o sea, de Jesús el Resucitado, conforme a la tradición teológica cristiana.
Al menos unos 174 países de los 197 en el mundo que reconoce la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como miembros y observadores celebran la Navidad, una época de tradición familiar, de encuentro, reconciliación, peticiones de paz, amor y prosperidad, en conmemoración del nacimiento de Jesús.
Sin embargo, la esencia de la Navidad se ha ido perdiendo con el tiempo, ya que el modelo capitalista imperante en el mundo ha transformado lo religioso y espiritual en un derroche de consumismo, ingestión etílica y de melopea.
La obsequiosidad, la conducta hedonista, las comilonas que dan rienda suelta a la glotonería y las fiestas, han trastocado la esencia religiosa de la Navidad y convertido la época navideña en una de hedonismo y consumismo desmedido.
El desenfreno navideño desemboca en gastos excesivos para familias que rebasan sus ingresos económicos, engañados por la idea de que la Navidad es sinónimo ineludible de hacer compras, consumir mercaderías y adquirir bienes.
Hay la idea con esta deformación del concepto de Navidad de que cuantos más bienes se adquieran en la Navidad, más felicidad se logra y mejor se aprovecha la época celebrativa navideña.
Adquirir bienes se asocia con placer y felicidad, en una vida materialista de consumo y de satisfacciones hedonistas, contrario a todas las enseñanzas de lo que se celebra en la época navideña: el nacimiento de Jesús y lo que ello significa para el ser humano como resultado de sus doctrinas.
Se hace necesario reflexionar acerca de una conducta humana disparatada que ha distorsiona los conceptos y los valores idiosincráticos que se supone nos define como sociedad.
Antes de la Navidad, se escucha a las personas quejarse de los precios de los productos en el mercado y de los embates de la inflación. Empero, en época navideña estas quejas quedan a un lado y los centros comerciales se abarrotan.
La euforia de la Navidad arrastra a muchos al endeudamiento. Se recurre desmedidamente a las tarjetas de crédito para acarrear los gastos y luego de la época navideña comienzan los dolores de cabeza para satisfacer los pagos y el agobio existencial. Así, la felicidad mediante el consumismo que se pretendía obteniendo bienes se trastoca en infelicidad y deterioro en la calidad de vida.
La apariencia de obsequiosidad que desea mostrarse ante familiares y amigos cercanos se convierte en un problema financiero concomitante. Gastar dinero en los hijos, la pareja, en la madre y el padre se convierte en una garantía de amor hacia ellos.
Todos estos males son incitados por las campañas publicitarias, en ocasiones con ofertas de especiales y rebajas de precios engañosas, que comienzan semanas antes del inicio de la Navidad para fomentar el consumo de bienes y mercaderías.
Ese derroche de consumismo y de proclividad al hedonismo no representa el sentido de los verdaderos valores y significado de la Navidad. Se celebra lo que no es la Navidad. INS
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