P. Rico-Una hoja de ruta consensuada (Análisis)

Un deterioro y obsolescencia general se extiende sobre casi todo el haber infraestructural de la nación puertorriqueña. Inter News Service

Por Rafael Santiago Medina

San Juan, 20 nov (ISN).- Hay consenso entre los boricuas sobre tres asuntos fundamentales: la criminalidad agobia en estos momentos a nuestra sociedad, hemos caído en un deterioro y obsolescencia general que se extiende sobre casi todo el haber infraestructural de la nación puertorriqueña y que existe una imperante necesidad de un nuevo paradigma de desarrollo económico isleño.

Habiendo consenso acerca de estos asuntos, ¿por qué, entonces, no hay acuerdos políticos entre los puertorriqueños para el establecimiento de una hoja de ruta resolutiva de tales problemas, aunque puedan haber divergencia en cuanto a los métodos para lograr ese objetivo?

Algunos piensan que para que haya una meta alcanzable con una voluntad nacional compartida por todos no se necesita la dirección de un solo partido político permanente en el poder por un tiempo razonable, como sucedió con el programa «Manos a la Obra» y la de dos décadas del Partido Popular Democrático, un período casi en su totalidad dirigido por Luis Muñoz Marín en la gobernación. Pero, ¿acaso es eso necesario actualmente?

Los entendidos en el tema piensan que la voluntad nacional compartida por todos puede existir con una pluralidad de partidos que se turnen en el poder. La esencia de una unidad de propósito es que haya una hoja de ruta común para el logro de los objetivos resolutivos, aunque varíen los métodos para lograrlo.

El problema en Puerto Rico es que hay una dispersión de propósitos y para la resolución de los problemas reconocidos por todos no únicamente se fijan métodos distintos dirigidos a alcanzar los fines resolutivos, sino que se establecen hojas de ruta divergentes y a veces contradictorias. Es cuando se rompe el consenso.

Hace falta en Puerto Rico —es lo que analistas políticos entienden— consensuar una hoja de ruta de resolución a los problemas nacionales que todos reconocen que hay que erradicar. Es aceptable que haya métodos diferentes para lograr el propósito de erradicar los problemas reconocidos, pero no por ello tiene que alterarse la hoja de ruta que nos encamine al fin común de la erradicación de esos problemas y nos permita trazar una senda hacia el progreso del país.

¿Habrá la madurez política para ello? En la contestación a esa pregunta existen serias discrepancias. INS

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