P. Rico-El modelo económico del fascismo y el arquetipo sistémico del gobierno chino

China ha alcanzado un alto desarrollo tecnológico. Inter News Service/Xinhua

Por Rafael Santiago Medina

San Juan, 20 nov (INS).- Con la privatización de la mayoría de las actividades tecnológicas, económicas e industriales que fueron parte de la gestión pública los tecnócratas gubernamentales, que tuvieron un papel importante en el adelanto y progreso de muchas sociedades, han sido sustituidos por los emprendedores del nuevo capitalismo, muchos de los cuales son contratados directamente o subcontratados por las instituciones capitalistas transnacional y supranacionales, así como también suplantados por los altos ejecutivos de la empresa privada.

El papel protagónico del Estado en el desarrollo económico de los pueblos es vista actualmente bajo la ideología neoliberal como una obsolescencia que no se aviene a los nuevos tiempos. Las empresas transnacionales y supranacionales, con actividades colaterales o marginales de las medianas y pequeñas empresas, fueron reduciendo el papel del Estado a facilitador y mero árbitro del juego económico de los mercados globalizados, pero con la menor intervención posible.

Dejar que la empresa privada desempeñe su función libremente en la economía hizo que el sistema socialdemócrata de un capitalismo con rostro humano en una economía mixta durante el siglo pasado que discurría entre lo privado y lo público se contrajera hasta casi desaparecer. Dinamarca es quizás lo que más se acerca en Europa a un sistema socialdemócrata, de lo que queda.

Caído el sistema socialista en el mundo y habiéndose transformado China en un sistema político y económico muy difícil de definir, donde subsiste un Partido Comunista en el poder que dirige una economía que pudiera considerarse como híbrida, cobra un nuevo cariz y está revestido de una nueva configuración.

Allá en China, el Estado —que se define socialista— convive con el capitalismo empresarial privado en su expresión clásica de actividades financieras de una economía capitalista globalizada.

Siendo China ahora la segunda potencia económica del mundo, con Estados Unidos todavía en primer lugar —aunque no se sabe hasta cuándo—, el sistema capitalista de economía dirigida pugna con la economía liberal capitalista que resiente la injerencia del Estado, reservada únicamente para momentos de crisis en los que auxilie a las empresas. A eso el capitalismo liberal pretende reducir básicamente el papel de árbitro del Estado.

El gobierno de China juega un papel preponderante en la planificación de la economía y en el que el empresariado capitalista tiene que jugar en el tablero económico nacional chino bajo las reglas impuestas por el Estado. Es por eso que en China los tecnócratas siguen teniendo una función importante todavía.

No son pocos los que se preguntan en qué consiste la diferencia práctica funcional entre el sistema chino y los elementos ideológicos esenciales de la economía del fascismo clásico europeo de Benito Mussolini, más allá del ultranacionalismo fascista que no existe en el sistema económico y político de China, como tampoco otras particularidades ideológicas.

Las Fuerzas Armadas, los empresarios e industriales, los trabajadores se unen en un desempeño planificado de desarrollo de la economía nacional bajo la dirección hegemónica y planificación del Estado, lo cual es algo que puede ser entendido como elemento en común entre el sistema económico y político de China y el fascismo clásico.

A pesar de que pudieran trazarse similitudes entre el sistema socialdemócrata de economía mixta de lo público y lo privado con el modelo económico chino, cuya catalogación sería la de una socialdemocracia de gobierno autoritario, lo cierto es que en las socialdemocracias tradicionales no existe una férrea planificación económica al servicio geopolítico de la nación, a diferencia de China y los modelos sistémicos fascistas.

La lucha de clases y la toma del poder del proletariado mediante una suerte de dictadura proletaria que en sus primeras etapas de las revoluciones socialistas estableció sistemas de gobierno que tuvieron una coexistencia de dominio sobre el capitalismo, pero con miras a su extinción final, no es lo que está sucediendo actualmente en China.

En las primeras etapas de las revoluciones socialistas, a pesar de la coexistencia nacional e internacional con el capitalismo, no se otorgaba en el sistema de gobierno papel protagónico alguno al empresariado capitalista.

Ese concepto de toma del poder del proletariado en China, en alianza con el campesinado, bajo la dirección del Partido Comunista ha dado paso a una constante y sistemática cimentación de un régimen político y económico de configuración capitalista, con un nuevo modelo paradigmático para el desarrollo de la nación china, en el que el empresariado nacional y transnacional juegan un papel clave, junto a los demás componentes que integran su sistema nacional, nacido de un capitalismo mundial de economía globalizada.

Sin embargo, es indiscutible que existen enfoques y estilos de gobernanza, tanto nacionales como internacionales, muy diferentes a los que caracterizaban al fascismo clásico europeo, a pesar de un compartido autoritarismo caudillista. Es una de las complejidades de este fenómeno político y económico de China. Algo que hay que estudiar política y económicamente con profundidad. INS

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