Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 15 oct (INS).- Si algo la partidocracia del sistema democrático representativo de Puerto Rico debe corregir es el tejemaneje partidista en la pugna por el control de las agencias y corporaciones públicas, el clientelismo y padrinazgos políticos.
Estos son los males que malean el servicio público, debilitan las estructuras del gobierno y a la postre corroen la fuerza centrípeta del poder del Estado nacional que consolida la identidad jurídica y políticamente del país.
La meritocracia es la esencia intrínseca que hace posible la excelencia del servicio público y contribuye al progreso nacional, junto al emprendimiento altruista, patriótico y sin excesivos afanes de lucro y exacciones al pueblo del empresarismo privado.
Erradicar el tejemaneje partidista, el clientelismo y el padrinazgo en el servicio público debe ser la meta de una voluntad política desiderativa en el país para poder superar los males del deterioro y la obsolescencia de los haberes infraestructurales que son parte de nuestro patrimonio. Entre ellos, la infraestructura de nuestro sistema de electrificación, de acueductos y alcantarillados, puentes, carreteras, avenidas y expresos viales para el tránsito vehicular.
Esos vicios que la partidocracia ha fomentado en la democracia representativa y que hacen del servicio público un botín de las pugnas partidistas son lo que es hora ya de enmendar en Puerto Rico para abrir paso a un futuro mejor y promisorio de progreso.
Sin esa voluntad de enmienda para desbrozar la democracia de los males que la partidocracia ha adherido a ella, una reconstrucción resiliente de Puerto Rico tras las devastaciones y crisis por las que hemos atravesado es verdaderamente imposible.
Tal voluntad de enmienda para sanear la democracia se alimenta de una voluntad política nacida del altruismo y del deseo de evolucionar progresivamente. INS
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