
La burbuja del imaginario propagandístico se rompe cada vez que nos azota un fenómeno natural. Inter News Service
Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 9 oct (INS).- Las asignaciones federales anunciadas para la reconstrucción de Puerto Rico y la atención de las emergencias tras los recientes desastres naturales de huracanes, terremotos y pandemia del Covid-19 en territorio puertorriqueño parecen haberse convertido en pura alharaca propagandística con poco contenido verdadero; mucho ruido y pocas nueces.
Los anuncios de las asignaciones no han estado acompañadas de la materialización de las promesas mediante sus respectivos desembolsos de fondos federales. Así, por ejemplo, el programa para renovación de cascos urbanos, al que se asignaron $1,000 millones, concluye en 2025 y únicamente se han aprobado de programa 327 proyectos y sólo dos han comenzado. Aquellos proyectos que no hayan sido completados para el 2025, no podrán beneficiarse de ese dinero. El gobierno estadounidense ya dijo que no habrá prórroga.
Situación similar existe con el programa para la construcción de 4,217 viviendas para personas de la tercera edad y de escasos recursos; ahora solo hay fondos para la mitad.
En el caso de la red eléctrica, hay $12,000 millones asignados para reparar la red de electrificación. Solo una fracción se ha usado. Hay tres agencias –dos federales, una estatal– halando cada una para su lado el plan de reconstrucción, según Sergio Marxuach, director de política pública del Centro para una Nueva Economía.
Puerto Rico, país situado en el duodécimo lugar demográficamente más viejo del mundo y el cuarto más viejo de América. Tiene 40,951 beneficiarios de Medicare, el plan médico federal para indigentes, que dependen de aparatos médicos eléctricos para vivir, una cantidad significativamente impresionante para un país pequeño, conforme a lo informado por Rafael Irizarry, un bioestadístico de la Universidad de Harvard. Esta realidad mantiene al país a expensas de la dependencia del asistencialismo de Washington.
Existen tras la tormenta tropical Fiona, convertida en huracán categoría 1 a su paso por el suroeste y oeste de Puerto Rico, comunidades completas de personas vulnerables abandonadas a su suerte en situaciones de emergencia como la que acaba de acontecer con este desastre natural, más que por los vientos, por las copiosas lluvias.
La burbuja del imaginario propagandístico se rompe cada vez que nos azota un fenómeno natural como un terremoto o un huracán. Son innumerables los casos reportados de personas encamadas pendiendo entre la vida y la muerte por falta de electricidad.
La incompetencia de los políticos y de la tecnocracia y burocracia de este país nos deja con la triste realidad de proyectos no completados a tiempo, lo que nos deja a apenas ocho o diez años con alguna posibilidad de salir con la ayuda de fondos federales de la fragilidad infraestructural en la que estmos sumidos al presente. INS
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