Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 13 jun (INS).- Los intereses creados constituyen en la mayoría de los casos un impedimento al avance científico y tecnológico. Cuando un interés económico se hace predominante en el mundo, pugna y hace lo indecible por evitar ser sustituido por nuevos avances.
Eso es lo que ha pasado con el motor de combustión en los automóviles. La industria del petróleo y las petroquímicas tienen un ingente poder económico controlador y manipulador. Romper con su dependencia es tarea sumamente difícil. Lo ha sido para la innovación tecnológica que sustituya al petróleo.
El conocimiento y desarrollo científico y tecnológico, en combinación con la capacidad e inventiva del ser humano, hubieran permitido hace años rebasar el motor de combustión dependiente de la gasolina o el diésel de los automóviles, aunque no -desde luego- con la sofisticación integrada de inteligencia artificial de los vehículos de motor eléctricos que están saliendo al mercado actualmente.
A no ser por el obstáculo de los poderosísimos intereses petroleros, la etapa de transición antes del pleno desarrollo del vehículo eléctrico hubiera podido ser otro tipo de motor de combustión más amigable con el ambiente: el de hidrógeno.
Se sospecha que el ingente poder de los intereses petroleros movieron sus hilos para ralentizar las investigaciones que hiciera más fácil y menos costoso el proceso de separar las moléculas del agua para convertirla en hidrógeno. Ya esto hubiera sido una realidad hace algunos años.
A no más tardar de este verano, se pronostica que el coste del galón de gasolina o diésel superará los seis dólares. Esto lo que indica es que el motor de combustión mediante derivados de combustibles fósiles se ha convertido en una obsolescencia.
Estamos en el preámbulo de una nueva era de la industria automotriz. La nueva era de los coches y camiones eléctricos. A partir del próximo año, se pronostica que un porcentaje cada año más considerable sucesivamente de los automóviles y camiones que transitarán por nuestras carreteras y avenidas serán eléctricos.
La transformación tecnológica de la industria automotriz hacia motores que no son de combustión es inevitable. Ya era hora de desafiar y dejar efectivamente atrás los grandes intereses petroleros en la industria automotriz. No obstante, hay que romper las ataduras con los intereses petroleros para agilizar el proceso. INS
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