R. Dominicana-Sin actos protocolares ni proclamas en las calles, los dominicanos recuerdan hoy la guerra civil de 1965

Imágenes de archivo de civiles y militares que lucharon juntos en la guerra de 1965. / Inter News Service

Por Manuel Vólquez

Santo Domingo, 24 abr (INS).- Los dominicanos festejan este domingo, aunque sin los tradicionales actos protocolares callejeros y bajo techo, los 57 años de la guerra civil que de forma espontánea fue detonada el 24 de abril de 1965, agravada por la intervención de 42 mil marines estadounidenses enviados bajo el presidente Lyndon B. Johnson con el pretexto de salvar vidas e impedir la propagación del comunismo, asociada a la histórica toma del poder en Cuba, encabezada por Fidel Castro.

Años anteriores, la población celebraba el acontecimiento con actos públicos encabezados por los líderes de la desaparecida izquierda política y de la otrora poderosa organización Partido Revolucionario Dominicano (PRD), hoy con una escasa comparecencia en los medios de comunicación y en el escenario electoral.

También, se organizaban movilizaciones callejeras protagonizadas por estudiantes de escuelas públicas y la estatal Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), que generaban choques con las fuerzas policiales.

Los historiadores nacionales han calculado el número de muertos en unos cinco mil, incluyendo civiles y militares, pero no existe una estadística exacta y creíble de las personas que perdieron la vida o desaparecieron en la contienda.

Los organismos oficiales no pudieron determinar el paradero de cientos de personas desaparecidas o asesinadas, cuyos cuerpos no fueron reclamados por los familiares, posiblemente por miedo, ni indagaron sus paraderos.

En los días posteriores a la revolución se habló de enterramientos en fosas comunes en la zona de Yamasá, de la provincia Monte Plata y la Victoria, del municipio Santo Domingo Norte, así como en otros lugares en la periferia de la capital dominicana, pero eso nunca pudo ser confirmado.

En el periódico Listín Diario del 9 de noviembre de 1965, se publicó la información dada por la Cruz Roja Internacional de que 2,850 dominicanos perecieron entre el 24 de abril y el 12 de julio, aunque se aclara que la cifra pudo ser más elevada. Muchos fueron recogidos por los familiares y algunos enterrados en el mismo lugar donde morían.

En medio de la contienda, la Cruz Roja realizó 150 incineraciones y recogió a unos tres mil heridos, los que fueron trasladados en ambulancias y otros tipos de vehículos a distintos hospitales y clínicas privadas; efectuó cuatro mil evaluaciones de personas y realizó 4,500 servicios de emergencias.

Más de 200 mil individuos fueron vacunados para evitar las epidemias que amenazaban con afectar a la población de la capital debido a que en aquellos días se expandió una enfermedad de la piel que algunos comenzaron a llamar “guachipa” y otros la señalaban como “la peseta”.

Unos 300 policías, dice el informe, murieron o desaparecieron durante la revuelta armada. Esta cifra aparece en el Listín Diario del 30 de noviembre de 1965, pero explica que la cantidad exacta no se podía determinar hasta tanto no se reintegraran a sus cuarteles todos los agentes que participaron en la guerra.

Además, entre los fallecidos y extraviados se incluyó a muchos desertores policiales o militares que se fueron al interior del país y presumiblemente no tuvieron interés en seguir en las filas de los cuarteles.

Cientos de agentes salvaron sus vidas durante el asalto a la Fortaleza Ozama, ubicada en la Ciudad Colonial, cruzando a nado en el río Ozama para llegar a la parte oriental de la ciudad, bajo control de las tropas del general Elías Wessin y Wessin.

Al momento del asalto, en el recinto había aproximadamente mil agentes y muchos de ellos quedaron como prisioneros de las fuerzas rebeldes, pero sus vidas fueron respetadas por los constitucionalistas.

Hamlet Alberto Hermann Pérez, uno de los participantes en la guerra y reconocido líder de guerrillas, en su libro “Eslabón Perdido; gobierno provisional 1965-1966”, página 89, publicado en el año 2009, reconstruye una parte de las estadísticas de aquellos cinco meses de lucha civil-militar.

“Parecía no bastar a los militares que durante los primeros 85 días del reciente conflicto armado, entre el 24 de abril y el 17 de julio de 1965, la Cruz Roja Dominicana comprobara y registrara dos mil 850 civiles dominicanos muertos”, dijo.

“Las bajas estadounidenses durante los combates fueron estimadas por sus propios organismos en 44 muertos y 172 heridos. De parte de las tropas dominicanas que se plegaron a los invasores hubo 500 muertos de las Fuerzas Armadas y 325 de la Policía Nacional. Entre los combatientes constitucionalistas se estimaron en 600 los muertos. Los heridos en sentido general fueron estimados por la Cruz Roja en cerca de tres mil”, agregó Hermann, fallecido el 19 de enero de 2016.

Origen del conflicto

La guerra inició cuando la población reclamó en las calles el retorno al poder del presidente Juan Bosch, quien con apenas siete meses de gestión fue derrocado por un golpe de estado que encabezó el general Elías Wessin y Wessin, de la Fuerza Aérea Dominicana, acción que de inmediato fue enfrentada por un grupo de constitucionalistas liderado por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Caamaño Deñó, quien ocupó la presidencia constitucional de la República Dominicana durante la guerra de abril de 1965, fue ejecutado por militares de altos rangos durante el gobierno de Joaquín Balaguer al desembarcar en el país, desde Cuba, el 16 de febrero de 1973, con un grupo de guerrilleros que fueron abatidos en la Cordillera Central.

Los constitucionalistas también reclamaban la destrucción del aparato militar que quedó intacto después de la muerte del dictador Rafael Leónidas Trujillo, en 1961.

En su libro “La guerra de abril de 1965”, el escritor nacional Tony Raful escribió que “la inmensa multitud era un espectáculo desbordante. Millares de hombres, mujeres, niños y ancianos corrían como locos por todo lo largo de la avenida Duarte. Parecía una serpiente humana interminable. Semidesnudos, descalzos, con chancletas, con ropas interiores, marchaban disparadas hacia el escenario de la historia. Parecían enloquecidos reclamando el retorno de la Constitución de 1963 y Juan Bosch, presidente”, destacó.

El poeta, ensayista y novelista también evocó que el entonces dirigente perredeísta José Francisco Peña Gómez anunció a través de una emisora de radio el derrocamiento del gobierno del triunvirato encabezado por Donald Reid Cabral y llamó al pueblo a que se lanzara a las calles.

Precisa el intelectual que el 25 de abril, “muchedumbres loaban en las calles el estallido de la revolución y en la tarde el doctor José Rafael Molina Ureña tomó posesión del gobierno, como presidente provisional, en medio del caos. Entonces, la televisión anunció que en las horas siguientes el profesor Juan Bosch volvería al país para reasumir la presidencia”.

Algunos historiadores locales sostienen la tesis de que la Iglesia Católica fue el muro contencioso del gobierno de Juan Bosch, sumado a situaciones externas constituidas por los bloques de poder capitalistas y socialistas englobados en la Guerra Fría. INS.

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