
Subasa Mohanta con un ciclo de maleza. / Inter News Service/Foto de Anadi Charan Behera of Studio Priya, Bhubaneswar/ONU
Nueva York, 16 abr (INS).- Una iniciativa respaldada por el Programa Mundial de Alimentos para entregar semillas de mijo a personas vulnerables se está arraigando en Odisha, India, donde contribuye a combatir el hambre y mejorar los medios de vida.
La campesina Subasa Mohanta no es ajena al hambre. Ha estado presente en la vida de esta mujer de 50 años, su esposo y sus dos hijos.
A pesar de que trabajaba 16 horas al día con una carga de trabajo extenuante como peón y acarreando piedras a un sitio de construcción, existía la posibilidad de regresar a su casa sin suficiente para comer.
Sin embargo, en 2018, una pequeña bolsa de semillas transformó la vida de Subasa y su familia.
La campesina esparció las semillas de mijo africano, que le había entregado el gobierno de Odisha como parte de un programa rural respaldado por la agencia antes mencionada, en las 0,6 hectáreas de tierra sin cultivar que rodea su casa de ladrillo y barro en el pueblo de Goili, en el distrito de Mayurbhanj.
En unos dos meses, recogió su primera cosecha de mandia (la palabra Odia para ragi o mijo africano). De los cerca de 500 kilogramos que cosechó, que vendió a 40 rupias el kilo, guardó una parte para alimentar las bocas hambrientas en casa y repartió el resto entre amigos y familiares. Después, una vez más, sembró las semillas en sus tierras de cultivo.
Un símbolo de esperanza
Durante los últimos tres años, la historia de esperanza, confianza y empoderamiento de Subasa se ha entrelazado con la génesis y el crecimiento de la Misión Odisha Millets, un programa insignia del Departamento de Agricultura y Empoderamiento de los Agricultores del gobierno regional.
La rutina diaria de Subasa ahora se divide entre cultivar su propia tierra, a las que se suman ahora 3,2 hectáreas que ha alquilado, y asesorar a mujeres en Mayurbhanj y otros distritos de Odisha sobre las mejores prácticas de cultivo de mijo.
También habla con los reporteros locales que hacen fila para conocer a Mandia Maa (Madre Mijo), un apodo que se ha ganado por su arduo trabajo y su predisposición de probar una nueva cosecha cuando pocos se mostraban dispuestos a hacerlo.
Milagro bajo el sol
La alta tolerancia de la planta de mijo al calor (hasta 64 grados centígrados), la sequía y las inundaciones hacen que su cultivo sea una opción adecuada para los agricultores en una era de cambio climático y agotamiento de los recursos naturales.
El mijo requiere menos agua que el arroz y el trigo, los dos alimentos básicos de la dieta india. Los mijos de temporada corta crecen fácilmente sin fertilizantes, esto los convierte en una opción más saludable y segura, tanto para el consumidor como para tierra donde se cosecha.
El cultivo intercalado de mijo con otros cultivos también beneficia la calidad del suelo, ayudando a controlar la escorrentía del agua y a la conservación del suelo en áreas propensas a la erosión.
“Además de ser una rica fuente de nutrientes y un cultivo resistente al clima, el mijo puede diversificar el sistema alimentario, contribuir a resiliencia y la adaptación, y mejorar los medios de subsistencia de los pequeños agricultores, incluidas las mujeres, a nivel nacional y regional”, dice Bishow Parajuli, representante del Programa Mundial de Alimentos y director en India.
En Odisha, lo que comenzó hace cuatro años con una entrega de folletos publicitarios, anuncios por megafonía desde camionetas, distribución de semillas entre los aldeanos por parte de voluntarios, especialistas de la comunidad y funcionarios del departamento de agricultura, se ha convertido actualmente en un movimiento impulsado por grupos de autoayuda de mujeres.
Las mujeres, quienes todavía son vistas principalmente como mano de obra postcosecha y cuidadoras de semillas, han tomado la iniciativa en el procesamiento de ragi, mejorando los rendimientos de mijo con bioinsumos, y también “dirigencafés” y centros que sirven platos a base de mijo.
El humilde jau (una papilla hecha con grano sin pulir), la forma más común de consumo de mijo en Odisha, se ha convertido en acompañamiento de otros platos tradicionales como bara, malpua, khaja y chakuli.
Comida de pobres
Las semillas han echado raíces, pero el camino a seguir no está libre de desafíos.
El mijo todavía se percibe como un alimento de pobres y los desfavorecidos, un problema de imagen que debe abordarse a través de promociones, campañas en las redes sociales y mensajes de concienciación de las celebridades.
El mijo necesita el apoyo del consumidor urbano para encontrar el lugar que le corresponde en las estanterías de las tiendas de alimentación, y dejar de ser la comida de pobres.
A pesar de que para el mijo dé este gran salto aún queden unos pocos veranos, las mujeres en las aldeas y pueblos pequeños de Odisha se toman muy en serio su trabajo. Y las vidas ya están cambiando, grano a grano. INS
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