Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 12 abr (INS).- ¿Qué odio tan terrible contra la sociedad y sus semejantes puede entrañar un ser humano que se levanta en la mañana, se monta con un arma de fuego en el Metro de Brooklyn, Nueva York, con una máscara antigás en su rostro, arroja bombas de humo y la emprende a tiros contra los pasajeros en el vagón?
Al menos diez personas han resultado heridas de bala, según la más recientes cifras de las autoridades neoyorquinas, y otras seis por razones sin precisar, según las versiones digitales de los periódicos Daily News y The New York Times.
Esa sociopatía resulta cada vez más común en la ciudad de Nueva York, convirtiéndola todavía mucho más de lo que era, en uno de los lugares más inseguros para vivir o visitar en el mundo.
La que fuera una ciudad apetecible como una manzana, convertida en su símbolo, en el país de las oportunidades, como idílica y míticamente se ha descrito a Estados Unidos, ha terminado siendo el infierno de una sociedad enferma por un modo de vida deshumanizado.
El pistolero sociópata estaba sentado silenciosamente en el segundo vagón del Metro que pasa por Sunset Park, entre neoyorquinos que se dirigían a sus trabajos, antes de comenzar a encender bombas de humo, ponerse la máscara antigás, sacar un arma y disparar contra la gente a mansalva.
¿Qué tipo de resentimientos contra la sociedad y sus semejantes guarda en su ser una persona para terminar cometiendo semejante atrocidad?
Esa es la pregunta que los neoyorquinos y los estadounidenses deben hacerse para determinar qué modelo de sociedad es la que tiene Estados Unidos para acunar en su seno personas con trastornos antisociales como este del Metro de Brooklyn y qué es lo que se necesita modificar.
En la reflexión debe tenerse presente qué sucesos como el de este martes posiblemente se repitan, no únicamente en Nueva York, sino en cualquier otra ciudad de Estados Unidos. INS
rsm/ndc
Inter News Service Agencia de Noticias