
Zbigniew Brzezinski, autor de “El gran tablero mundial”. / Inter News Service
Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 26 mar (INS).- Analistas concuerdan en estimar que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, desea un conflicto prolongado en Ucrania para empantanar a Rusia y descarrilar el liderazgo del presidente ruso Vladimir Putin.
El analista de geopolítica Jalife-Rahme considera el conflicto entre Rusia y Ucrania como una “guerra civil” desde una perspectiva histórica amplia y de anales ancestrales, tratándose de países con un pasado común cuya última tensión se remonta a 30 años, con la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que las integraba en un mismo proyecto político y territorial.
A partir de aquel momento histórico, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha trabajado en incorporar a países exmiembros del Pacto de Varsovia que se mantuvieron bajo un acuerdo militar y político suscrito por Moscú durante la Guerra Fría y hoy gran parte de cuyos países forman parte de la Alianza Atlantista dominada por Estados Unidos.
Los análisis concuerdan, también, en que Washington ha promovido durante años y mediante miles de millones de dólares la desestabilización de Ucrania para colocar un gobierno favorable a sus intereses en Kiev, lo que ha generado el descontento ruso, porque misiles instalados en territorio ucraniano podrían alcanzar Moscú en cuestión de segundos.
En su libro “El gran tablero mundial”, publicado en 1997, el estadounidense de origen polaco Zbigniew Brzezinski, quien ha sido consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, establece que Rusia y Ucrania unidas podrían constituir un imperio, mientras que sin el segundo país, el primero sería únicamente una potencia regional.
Brzezinski indica en el libro que en el colapso del Pacto de Varsovia, la pérdida de Ucrania fue lo más problemático para la hoy Federación de Rusia. Ucrania, convertida en Estado independiente a partir de la disolución de la Unión Soviética en 1991, no únicamente obligó a los rusos a replantearse la naturaleza de su propia identidad política y étnica, sino que constituyó un revés geopolítico vital para el Estado ruso.
Señala Brzezinski que habido ese repudio de los ucranianos de más de 300 años de historia imperial rusa, su significado ha sido la pérdida de un economía industrial y agrícola potencialmente rica y 52 millones de personas lo suficientemente cercanas a los rusos desde el punto de vista étnico y religioso, y hacer de Rusia un verdadero Estado imperial poderoso.
La independencia de Ucrania privó también a Rusia de su posición dominante en el Mar Negro, en el que Odesa había sido la principal puerta de acceso para Rusia al comercio con el Mediterráneo y con el resto de gran parte del mundo, se indica en el libro.
Añade Brzezinski que la pérdida de la posición del Mar Báltico se repitió en el Mar Negro, no únicamente debido a la independencia de Ucrania, sino también porque los Estados caucásicos independizados -Georgia, Armenia y Azerbaiyan- incrementaron las oportunidades de Turquía de reestablecer su influencia del pasado en la región.
“Antes de 1991, el Mar Negro era el punto de partida para la proyección del poder naval ruso hacia el Mediterráneo. A mediados de la década de los ’90, Rusia sólo mantenía una pequeña franja costera en el Mar Negro, y una disputa sin resolver con Ucrania sobre los derechos de estacionamiento de su flota naval en Crimea, al tiempo que observaba con irritación las maniobras conjuntas navales conjuntas de la OTAN y desembarques en el Mar Negro”.
Rusia ha ido recuperando el control geopolítico con la recuperación de Crimea y el potencial desenlace resultante del actual conflicto bélico en Ucrania. INS
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