
El presidente ruso Vladimir Putin ha sido demonizado por los medios de comunicación. Inter News Service/Mikhail Metzel/Pool/TASS
Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 18 mar (INS).- De igual forma que los grandes medios empresariales de prensa han cerrado filas en todo el mundo con las autoridades sanitarias sobre la vacunación contra el Covid-19, también se está viendo cómo se alinean con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la Unión Europea (UE) y el presidente estadounidense Joe Biden acerca de la condena a Rusia en el conflicto bélico de Ucrania.
Igualmente, cierran filas con la demonización a ultranza del presidente ruso Vladimir Putin, sin contemplación de razón atenuante alguna para su acción bélica contra Ucrania, en una suerte de maniqueísmo geopolítico.
Puede verse cómo se censura en todos los medios de comunicación social y medios oficiales de la gran prensa corporativa cualquier asomo de equilibrar las informaciones y dar a conocer la versión rusa del conflicto bélico. Cualquier intento en ese sentido es considerado inmediatamente como un bulo o «fake news». Sucedió igual con cualquier cuestionamiento a la vacuna contra el Covid-19 que intentara romper el dominio en las políticas sanitarias de las empresas transnacionales farmacéuticas.
No se encarcela ni se reprime al periodista o ciudadano que opina, pero se censura su opinión y su información periodística al no dárseles cabida a su publicación en los grandes medios o en las plataformas sociales de Internet.
Esa nueva revalorización de la libertad de prensa está amoldada al dirigismo desde las élites del poder en la imposición revisionista de un nuevo concepto de democracia, a tono con los designios de un nuevo orden mundial.
La libertad de expresión pública y la libertad de prensa se deja tan solo para la política interna —doméstica como mal se le denomina— de cada país. Otra cosa, entonces, es aquello que tienda a trastocar el nuevo ordenamiento mundial.
Las políticas nacionales, no obstante, se van ajustando cada día más con los conceptos de ese nuevo orden mundial, en una suerte de plutocracia, no de intereses individuales, sino corporativos, donde las empresas transnacionales asumen cada vez más un poder decisional en la política. El poder económico se va concentrando en unas pocas empresas transnacionales que se están haciendo con el control del mundo.
La democracia y la libertad de prensa se guarda exclusivamente para fiscalizar el manejo y administración de los haberes públicos y las políticas internas en cada país para la gobernanza dentro de un marco internacional de un nuevo orden mundial, porque prácticamente ya todo está globalizado, empezando por la economía y el comercio.
La globalización de la política en un intento por imponer un nuevo orden mundial unipolar del poder, donde Estados Unidos y la Unión Europea (UE) juegan un papel primordial. China y Rusia no tienen cabida en ese nuevo orden mundial, a menos que haya grandes transformaciones en sus sistemas de gobierno que se amolden a lo que se exige.
Es requisito esencial para entrar a ese nuevo orden mundial que los gobiernos se abran al dominio no únicamente económico, sino político por parte del corporativismo empresarial transnacional. No son en ese nuevo orden mundial los políticos individualmente ni la institucionalidad partidaria los que dictan la política, sino que las sociedades del mundo empiezan a regirse por un capitalismo de entera liberalidad a las leyes del mercado. Se exige a los políticos que sean dóciles a esas leyes del mercado capitalista, por lo que está vedada toda intervención externa a ellas.
No está permitida una planificación económica que intervenga o altere las leyes del mercado bajo el libre desempeño del empresarismo transnacional que rige ese nuevo orden mundial, por lo que está completamente vedada la intervención política en los asuntos económicos y en los mercados nacionales e internacionales.
Cuando se desintegra la Unión Soviética a partir de 1991, Estados Unidos pensó que el mundo entraría en una unipolaridad bajo su absoluto dominio. Fue cuando se comenzaron a crear los tratados de libre comercio como el NAFTA, CAFTA-RD, TPP y otros en los cuales se escogían las naciones participantes.
Algunos países del mundo capitalista comenzaron a creer que ya no era necesario producir bienes que podrían comprar de otros países de forma más barata. Estados Unidos, por ejemplo, globalizó la producción de electrodomésticos, dirigiendo esa elaboración a países con mano de obra más barata, como es el caso de México, China y otros países asiáticos.
La pérdida de empleos en Estados Unidos y otros países del denominado Primer Mundo de economías desarrolladas fue la concomitancia de esa globalización económica. La sustitución en estos países desarrollados a industrias más sofisticadas en sus sistemas de producción no se produjo enteramente y a cabalidad como se esperaba.
La producción de medicamentos, como fue el caso de Puerto Rico como pasado emporio de la industria farmacéutica, se trasladó a países como China. También fue el caso de efectos de alta tecnología, particularmente electrónicos.
Esa globalización de los mercados y de las economías dominada unipolarmente por Estados Unidos y la Unión Europea comenzó a resquebrajarse tras la guerra de Ucrania y Rusia. La exclusión de Rusia, como se intenta también con China, por no ajustarse a las normas de un nuevo orden mundial, ha hecho que comience a escasear en el mundo el petróleo, el gas natural y productos alimentarios como el trigo, de los cuales Rusia es un gran productor. Excluir a China sería catastrófico en otras áreas económicas del comercio globalizado.
La situación se ha ido complicando, debido a que otros países productores de trigo y de otros productos alimentarios han decidido aguantar sus exportaciones para así almacenar el grano y otros de sus alimentos, anticipando una escasez mundial y la posible proliferación de una hambruna en parte del planeta.
Ha comenzado a encarecerse los precios de los alimentos en el mundo de manera alarmante, a lo que ha contribuido la determinación de China e India de empezar a almacenar que anteriormente exportaban por temor a una escasez internacional.
Este es el caos ocasionado por el intento de un reordenamiento al nuevo orden mundial originalmente impuesto y que la OTAN comenzó a forzar geopolíticamente en Ucrania con la unipolaridad regentada por Estados Unidos, en contubernio con la Unión Europea, tratando de acorralar a Rusia, y que ahora incide en los mercados globalizados y la economía internacionalizada que tiende a comprometer las soberanías nacionales de los países. INS
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