P. Rico-Proyecto argentino de suministro de agua potable que debiera ser emulado por la AAA (Análisis)

Por Rafael Santiago Medina

San Juan, 5 mar (INS).- Puerto Rico no tiene -en términos generales dentro de su geografía- el problema de escasez de agua potable que enfrenta la ciudad sureña de Caleta Olivia, provincia de Santa Cruz, Argentina. Pero estamos enfrentando todos los años de manera cada vez más recurrente períodos de sequía. Y la sedimentación de los embalses de suministros de agua potable de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) es ya un grave problema.

En esa ciudad argentina hay vecinos que tienen que esperar dos o tres días por cada distribución en la red de acueductos de la zona. Ellos saben que cuando el líquido corre, deben llenar los tanques de almacenamiento en sus hogares, para usarlo de forma responsable y austera.

Aquella zona costera, al igual que Comodoro Rivadavia, aumentó exponencialmente su población a medida que el auge petrolero se iba expandiendo en la Patagonia. A tal punto, que el recurso hídrico ya no alcanza para usarse libremente. Peor aún, el extenso acueducto de los años 60 que se conecta con el lejano lago Musters, a unos 260 kilómetros, suele deteriorarse. La localidad ha estado casi un mes sin distribución de agua potable. 

La solución al problema la han encontrado investigadores de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA), quienes empezaron a buscar alternativas desde 2016, mirando hacia el Océano Atlántico. La desalinización, pero con un nuevo y revolucionario método, les pareció una posible solución.

El equipo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) acaba de comenzar a construir un sistema para potabilizar agua de mar mediante una innovadora manera. El agua de mar es un recurso inagotable. El mecanismo llega con la esperanza de solucionar el problema de la escasez y afirman que no genera impacto ambiental.

La potabilización del agua de mar se realiza mediante una tecnología que copia el ciclo natural del agua, que se llama deshumidificación. Se trata de un aparato donde se coloca agua marítima y se calienta a una temperatura moderada, entre 70 y 90 grados. Es decir, “como si se usara para hacer café”.

Una vez que está caliente, se deja correr el líquido de forma similar a una ducha, se pone el agua en contacto con una corriente de aire. Así, se obtiene aire húmedo, que absorbe únicamente agua sin sal. Ese resultado gaseoso debe transformarse nuevamente en un estado líquido, dentro de un condensador, y así se consigue agua pura.

De este modo, por cada litro de agua de mar, se puede obtener un 10% para su consumo, y el resto regresa al océano.

Este procedimiento es distinto a una destilación. No se hierve el agua hasta vaporizarla para luego condensar ese vapor y obtener agua, lo cual requiere gran cantidad de energía eléctrica. La destilación es un proceso muy costoso desde el punto de vista energético.

El gran dilema ambiental para lograr la potabilización, es cómo se calienta el agua de mar. Tradicionalmente, el calor puede obtenerse con combustibles fósiles, pero ello genera gases de efecto invernadero, que contribuyen al cambio climático. Por lo tanto, se necesita otra fuente de energía.

Una variante podría ser la energía solar, pero se limitaría demasiado la productividad. Para calentar grandes caudales de agua mediante este método, se requiere invertir en conectores solares inmensos. Teniendo esto en consideración, surgió la idea de usar calderas que funcionen con hidrógeno. 

Al igual que el gas, el hidrógeno produce una llama al mezclarse con el oxígeno. Su principal ventaja es que no daña el ambiente, porque la combustión genera vapor de agua. Es el combustible más energético que hay en la naturaleza, sin contaminar con la combustión. Con poco volumen se genera mucho calor. En efecto, para producir un litro de agua potable con este sistema, solo se necesitan 18 gramos de hidrógeno, una cantidad baja.

Todavía no hay en el mercado quemadores que funcionen con hidrógeno. Se trata de instrumentos que siguen la misma lógica de una típica hornilla de cocina. El problema con el hidrógeno es la seguridad. La combustión y la llama se producen muy rápido. La velocidad de combustión es altísima. Como la nafta, es mucho más explosivo que el gas natural.

Empero, ahora que el hidrógeno se convierte en el combustible del futuro, algunas empresas de Europa y Estados Unidos han comenzado a desarrollar quemadores de hidrógeno. En Argentina se han trazado la meta de diseñar un propio quemador de hidrógeno, y esperan tenerlo listo este año.  

¿Habrá en Puerto Rico igual inventiva? Talento y capacidad intelectual hay. INS

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