P. Rico-El conflicto bélico de Rusia con Ucrania y la matriz de información mediática (Análisis)

El presidente ruso Vladimir Putin es objeto de una demonización por ciertos medios periodísticos. Inter News Service/Mikhail Metzel/Pool/TASS

Por Rafael Santiago Medina 

San Juan, 27 feb (INS).- Tras el conflicto bélico originado por el intento desde Ucrania de prestarse a que la OTAN acorralara militarmente a Rusia en su propio traspatio, quedó evidenciado el poder de la matriz de información de Washington, la OTAN y el Pentágono en los medios de prensa internacionales.

Eso que se denomina «hegemonía mediática» de la que las grandes corporaciones transnacionales de noticias―que los expertos calculan entre el 80% y el 90% de toda la «información» que se despliega en el mundo― ha logrado establecer en los países occidentales, incluyendo a Puerto Rico, una única línea de pensamiento antirruso y de demonización del presidente Vladimir Putin acerca de este conflicto geopolítico que se centra en Ucrania.

Estas corporaciones mediáticas de prensa escrita, televisiva y radial, aparentemente competidoras, se hermanan en objetivos e intereses geopolíticos comunes. Comparten no solo criterios y métodos, sino también formatos informativos. 

Algunos de estos medios de información diversifican sus inversiones de capital en otras áreas corporativas, incluyendo sistemas electrónicos y de computación que se utilizan en la industria armamentista y hasta en esa industria misma. están íntimamente relacionadas entre ellas a nivel corporativo.

En 1989, especialistas del Ejército y la Infantería de Marina de Estados Unidos en el Pentágono emitieron un documento que llamaron «El rostro cambiante de la guerra, hacia la cuarta generación». Dos años después el profesor Martín Van Creved de la Universidad Hebrea de Jerusalén, complementó el modelo teórico en un libro llamado «La transformación de la guerra».

En la Guerra de Cuarta Generación «las tácticas y estrategias militares son sustituidas por tácticas y estrategias de control social, mediante la manipulación informativa y la acción psicológica orientada a direccionar la conducta social masiva. Los blancos ya no son físicos, sino sociales. El objetivo no apunta a la destrucción de elementos materiales e infraestructuras, sino al control de cerebro humano… Las grandes unidades y equipos militares son sustituidos por un gran aparato mediático compuesto por las grandes cadenas y estudios de prensa, radio y televisión.  Las consignas e imágenes sustituyen a las bombas, misiles y proyectiles….»

Subyace una guerra psicológica en todo conflicto bélico. Para lograr esta conquista a nivel psicológico y emocional, uno de los recursos que la hegemonía mediática emplea es no solo la manipulación interesada de la información, sino la creación de un discurso coherente.

Ese discurso mediático implica, además de los elementos informativos., aquellos otros elementos que tienen que ver con creencias, saberes, conocimiento, valores y pautas de conducta social. El objetivo que logran es generar a través de los medios una «realidad» mediática virtual.

Pudiera ponerse como ejemplo, entre muchos, la invasión realizada por Estados Unidos a Somalia en 1992, cuyo desembarco fuera grabado por CNN como una producción de Hollywood.

Para crear esa realidad virtual se elaboran matrices de información mediática y se crea una comunicación hegemónica. Se siembran en los medios, así, «verdades» de información, conceptos, opiniones e ideas que se presentan como realidades, y que se convierten en ellas a través de la repetición sistemática. Vuelve a surgir el precepto de Joseph Goebbels, ministro de propaganda de la Alemania nazi, de que «una mentira mil veces repetida se transforma en una verdad».  Ellas van a determinar la opinión pública.

Ha quedado en la amnesia colectiva generada por los medios noticiosos comerciales de Occidente el vínculo que ha tenido desde 2014 el gobierno presidido por Volodymyr Zelenski en Ucrania con grupos nacionalistas y neonazis para aplastar la resistencia del llamado movimiento anti-Maidán que estaba en contra del golpe de Estado en Kiev. A raíz de ese golpe de Estado se produjeron enfrentamientos entre neonazis y manifestantes en todo el país, pero lo sucedido en Odessa, el 2 de mayo de 2014, pasará a los anales de la historia como un suceso obscuramente nefasto.

Ese suceso surgió cuando tras los enfrentamientos callejeros con los nacionalistas, los manifestantes anti-Maidán se atrincheraron en una sede sindical local. Sus oponentes, respaldados por las nuevas autoridades ucranianas, rodearon el edificio y lo incendiaron con cócteles molotov.

Cuando estalló el incendio en el segundo y tercer piso del edificio, varios cientos de personas atrapadas en el interior intentaban escapar desesperadamente. Diez de ellos cayeron de los pisos superiores a la muerte y 32 más murieron con graves quemaduras y asfixiados por el humo. Unas 250 personas más lograron escapar de esta trampa mortal con varias heridas cuando los bomberos llegaron al lugar una hora después de que estallara el incendio.

Ese gobierno antirruso de Zelenski y que la OTAN pretendía utilizar para asediar militarmente a Rusia ha respaldado la formación de los llamados batallones voluntarios, los más combativos de los cuales están integrados por miembros de grupos paramilitares nacionalistas y neonazi. Sus miembros a menudo estuvieron involucrados en crímenes durante la guerra civil que ocasionó el golpe de Estado, que van desde saqueos y violaciones de los civiles hasta tortura y asesinatos de prisioneros.

Uno de esos batallones, denominado «Tornado», fue disuelto en diciembre de 2014 por el propio Kiev luego de numerosos informes de sus crímenes, pero sus miembros nunca fueron procesados y muchos de ellos integraron otros batallones.

Los crímenes de otro notorio batallón de voluntarios, Aidar, fueron investigados, documentados y expuestos por Amnistía Internacional, habiendo quedado impunes sus crímenes. Uno de esos crímenes fue descubierto por la milicia popular de la RPD cerca de la mina Kommunar, donde desenterraron los cuerpos de cuatro mujeres y varios hombres, todos ellos civiles. Fueron atados, torturados y ejecutados con disparos en la cabeza o decapitados. Se creía que una de las mujeres había sido violada por los combatientes del batallón.

Pero el más conocido de los batallones voluntarios es, sin duda, el Azov, cuyo comandante, Andriy Biletsky (alias Líder Blanco), es un radical de derecha y cofundador del movimiento Asamblea Social-Nacional, nombre que hace una clara alusión al nacionalsocialismo. El símbolo del batallón de voluntarios Azov es una estilización del wolfsangel, utilizado por el Partido Nazi en sus orígenes.

Durante el conflicto en Donbás, los integrantes del batallón Azov participaron activamente en numerosos crímenes de guerra contra la población civil y prisioneros de guerra hasta el punto de que fue considerado de extremista por la UE y Estados Unidos. Todavía hoy, Azov forma oficialmente parte de la Guardia Nacional de Ucrania y su comandante la integre en el rango de coronel.

Bajo el gobierno Zelenski, políticos de la oposición y periodistas independientes han sido asesinados, mediante la participación de los grupos nacionalistas neonazis. Uno de los casos más notorios es el asesinato de Oles Buziná, un periodista ucraniano conocido por sus opiniones anti-Maidán y que llamaba a mantener los lazos de amistad con Rusia. Buziná fue asesinado a tiros en Kiev frente a su casa por individuos identificados y posteriormente absueltos. El hecho sucedió un día después del asesinato del exdiputado Oleg Kaláshnikov en su casa, también opositor al Maidán.

Empero, la matriz de información mediática en los grandes medios noticiosos se ha encargado de borrar de la memoria colectiva en la opinión pública esos crímenes del gobierno de Ucrania bajo la presidencia de Zelenski.  INS

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