Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 9 ene (INS).- El legado que centristas y liberales de la política estadounidense temen es que el legado de Donald Trump pueda adueñarse del Partido Republicano y un sector cada vez más amplio de la población de Estados Unidos se incline hacia la cerrazón de ideas divergentes a la ultraderecha nacionalista y chauvinista de supremacía anglosajona.
La preocupación es que el desprecio y odio hacia la otredad de las demás etnias del melting pot -que ha ido definiendo históricamente a Estados Unidos en la conformación de un neofascismo supremacista wasp- se institucionalice al extremo de convertirse en algo normal de la política nacional estadounidense.
La influencia de Trump en la corriente política de un numeroso sector del conservadurismo ideológico dentro del Partido Republicano polariza la coexistencia de un bipartidismo simbiótico en la institucionalidad del modelo democrático estadounidense.
El tradicional modelo bipartidista de democracia estadounidense, que recoja las inquietudes políticas del pueblo estadounidense dentro del marco sistémico de esa nación de manera armoniosa, está polarizándose abismalmente con la amenaza de no poder coexistir en un desenvolvimiento político de tolerancia democrática.
Las condiciones de un conflicto violento que desemboque en una nueva guerra civil en Estados Unidos que divida a la nación de manera difícilmente reconciliable se han ido cuajando en los últimos años, y el ascenso de Trump a la presidencia es un reflejo de ello. El nuevo presidente electo Joe Biden tendrá la encomienda de revertir ese nefasto proceso de involución política.
El futuro del “trumpinato” en la política estadounidense y con cuánta fuerza puede perdurar será definitorio para el futuro de Estados Unidos, es la lectura de los acontecimientos y el análisis que hacen académicos de la ciencia política, sociólogos e historiadores. INS
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