Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 22 nov (INS).- El banquero Richard Carrión ha avivado la discusión en Puerto Rico en cuanto a cuál debe ser el método para el inicio de un proceso de descolonización, tras sus declaraciones en una entrevista.
El argumento del alto ejecutivo bancario es que si el Congreso de Estados Unidos es el que tiene el poder plenipotenciario sobre el destino político de Puerto Rico; en otras palabras y sin eufemismos, el poder congresal estadounidense tiene secuestrada su soberanía, debe ser desde allá que se ponga sobre la mesa el menú de las opciones políticas aceptables para Washington.
Lo que implica la aseveración de Carrión es que no debe seguirse insistiendo en ensayos políticos fútiles desde Puerto Rico. Es decir, que el diseño de la hoja de ruta para la descolonización tiene que provenir de Washington, y no al revés, aunque retóricas sobre democracia pretendan exigir que sea el pueblo de Puerto Rico el que determine las opciones de estatus político en la relación con EEUU.
A tono con este argumento, cualquier ejercicio retórico de soberanía del pueblo de Puerto Rico en la petición de opciones de descolonización no es práctica y desafía la realidad política factual.
El hecho real estriba en que es el Congreso de Estados Unidos el que posee el poder absoluto sobre Puerto Rico desde 1898. Esa descarnada realidad no ha cambiado desde entonces y, por lo tanto, lo más lógico es reconocerla.
Ciertamente, es el Congreso de Estados Unidos el que tiene la obligación de originar la discusión de este asunto, poniendo sobre la mesa las cartas políticas de lo que Washington está dispuesto a aceptar, porque localmente no ha habido una guerra de independencia triunfante que determine lo contrario del proceso.
Según Carrión, es necesario que el pueblo de Puerto Rico tenga meridianamente claro qué significa para el Congreso de Estados Unidos la estadidad, la opción de un Estado Libre Asociado mejorado, la soberanía no territorial y con ciudadanía americana y lo que ello implique dentro de los parámetros constitucionales de Estados Unidos (si esta alternativa política es posible) y lo que significaría en el marco político congresal estadounidense la independencia, así como cuál sería su proceso transicional, lo que ello acarrea y por cuánto tiempo.
Plebiscitos de estadidad sí o no o con la adición de otras opciones, tanto como una Asamblea Constitucional de Estatus, deben descartarse por el momento y mutar el proceso con la intención de dar paso a una petición para que el Congreso de Estados Unidos establezca las alternativas de una hoja de ruta de descolonización sobre la cuales, entonces, se determine el modo de consulta posterior al pueblo de Puerto Rico, con las posibles opciones de aceptación planteadas desde Washington.
El ejercicio de soberanía del pueblo de Puerto Rico comenzaría con ese proceso invertido de lo que ha sido ensayado hasta ahora en la aceptación o rechazo de las alternativas de estatus planteadas por el Congreso de Estados Unidos y posteriormente en el escogimiento de la opción final propuestas desde Washington.
De lo que se trata es de invertir el proceso de descolonización para que sean las instancias de poder en Washington las que hablen primero y claro. Luego hablará el pueblo de Puerto Rico. INS
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