Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 5 nov (INS).- El gobernador electo, aunque no certificado oficialmente todavía pero, por lo menos, con las mayores probabilidades a los que apuntan los datos ofrecidos por la Comisión Estatal de Elecciones, Pedro Pierluisi, tendrá que gobernar durante los próximos cuatro años sin el concurso a su favor de la Cámara de Representantes y el Senado, que parece que pasará al control exiguamente mayoritario en bloque partidista de su opositor Partido Popular Democrático (PPD).
El PPD, a su vez, tendrá que contar participativamente para su agenda legislativa, lo mismo que la oposición del Partido Nuevo Progresista (PNP) para contender en los temas de debate parlamentario. con los legisladores de los dos partidos emergentes, del senador independiente Vargas Vidot y del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP).
Cuarenta municipios, entre los que se encuentran grandes ciudades como Ponce, Arecibo y Aguadilla, controlados administrativamente por el PPD, será otra piedra de tropiezo para el futuro gobernador Pierluisi. O por lo menos, si no una piedra de tropiezo, fragmentos de pedruscos molestosos dentro del zapato que le impedirán caminar sin dificultad.
Sin un mandato mayoritario claro, y únicamente elegido por una tercera parte del voto sufragado, la gobernabilidad del país se hace dificultosamente cuesta arriba. Una gobernanza jalda arriba con un fárrago de dos terceras partes del sufragio en contra.
Un estilo de gobernanza participativa y por consenso sería indispensable, pero es algo a lo que los políticos tradicionales como Pierluisi no están acostumbrados. Gobernar rebasando a su propio partido político, a sus correligionarios, prosélitos y financiadores de su campaña electoral no es un estilo de gobernanza que se acostumbre en Puerto Rico. Pero es el que exige el momento histórico.
¿Acaso aprenderá Pierluisi ese estilo de gobernanza en la marcha de sus ejecutorias gubernativas? Difícilmente, pero no imposible. INS
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