Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 23 abr (INS).- El confinamiento domiciliario parece estar abriendo un nuevo capítulo en la discusión acerca del origen antropogénico del calentamiento global.
El dióxido de carbono en la atmósfera sigue marcando récords pese al confinamiento, de acuerdo a los estudios hechos recientemente por la Organización Metereológica Mundial (OMM)
“El clima extremo ha aumentado y no desaparecerá debido al coronavirus”, ha alertado Petteri Taalas, secretario general de la OMM, a través de un comunicado.
Aunque se están dando reducciones de las emisiones de efecto invernadero por el frenazo de la economía, la concentración en la atmósfera del principal de estos gases —el dióxido de carbono (CO2)― ha seguido aumentando durante este año, según los datos difundidos por la OMM.
“Las concentraciones atmosféricas de CO2 en el observatorio Mauna Loa, en Hawái, siguen en niveles récord en lo que va del año”, ha señalado la organización internacional de las Naciones Unidas.
Algunos científicos y políticos del ala conservadora han venido insistiendo que el calentamiento global en el mundo es el resultado de un comportamiento cíclico natural y no tiene causas antropogénicas por motivo de la contaminación que producen las actividades humanas y la quema de hidrocarburos en la generación energética.
Las medidas de confinamiento en el mundo para evitar el avance de la pandemia de Covid-19 pueden suponer una “reducción temporal” de la contaminación ambiental y de algunos gases de efecto invernadero, pero no deben sustituir “la acción climática continuada”, ha advertido la OMM con motivo de la celebración del Día de la Tierra, este pasado miércoles y que este año cumple medio siglo de aniversario conmemorativo.
El organismo de la ONU ha difundido un informe sobre los datos climáticos del periodo comprendido entre 2015 y 2019 en el que se apunta a que “todos los indicadores” están mostrando una “aceleración del cambio climático en los últimos cinco años”.
Este observatorio es el de referencia en el mundo por tener la serie histórica de mediciones directas más antigua (arranca en 1958). Pero además hay una serie de estaciones repartidas por el mundo que también están mostrando que los niveles en la atmósfera de dióxido de carbono no se reducen.
Uno de esos observatorios citados por la OMM es el de Izaña, en Tenerife, cuyo director, Emilio Cuevas, confirma que esa concentración de dióxido de carbono —que ellos monitorean desde los años ochenta― sigue aumentando pese al confinamiento.
Pero, a la pregunta de cómo eso es posible, Cuevas contesta que “muchas veces se confunde contaminación con gases de efecto invernadero”.
“Aunque en París, Madrid y Barcelona se aprecie una mejora de la calidad del aire tremenda [es decir, una reducción de la contaminación], eso no ocurre con los gases de efecto invernadero”, añade.
Si bien los niveles de dióxido de nitrógeno —un contaminante vinculado principalmente al tráfico que afecta a la salud de los seres humanos— se redujeron un 51% en las principales ciudades del mundo durante las tres primeras semanas de confinamiento respecto a las mismas tres semanas de 2019, en el caso del dióxido de carbono su caída histórica de 5.4%, según un estudio de Goldman Sachs, aunque histórica, no es suficiente para poder frenar las concentraciones en la atmósfera.
Aunque el dióxido de carbono calienta el planeta, no es un contaminante del medio ambiente. “Globalmente, la baja en las emisiones no ha sido tan grande como se puede imaginar. Lo que sí ha caído mucho es el nivel del tráfico humano y vehicular, pero seguimos calentando nuestras casas, muchas industrias siguen trabajando…”, abunda Carlo Buontempo, director del Servicio de Cambio Climático de Copernicus, el programa de observación de la Tierra de la Comisión Europea.
Según el IPCC —el grupo de expertos en cambio climático de la ONU—, alrededor de un 50% de las emisiones directas de dióxido de carbono relacionadas con la actividad del ser humano acaban acumuladas en la atmósfera.
El resto se reparte a parte iguales entre lo que absorben los océanos y lo que queda retenido en la vegetación. Buontempo apunta además a que hay “fenómenos” independientes “de las emisiones directas y que son consecuencia de que la temperatura ha subido”.
Se refiere, por ejemplo, al deshielo de turberas en regiones árticas que hace que se liberen grandes cantidades del carbono que almacenan estas capas.
Por eso la OMM y los especialistas insisten en que para frenar el cambio climático hace falta mucho más que las reducciones puntuales que ha causado la pandemia. INS
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