Por Rafael Santiago Medina
San Juan, 20 abr (INS).- Autora de los libros distinguidos con el premio de la Paz de la Feria del Libro de Fráncfort y dos de los cuales han sido editados en España, bajo títulos tales como Contra el odio (Taurus, 2017) y Modos del deseo (Tres Puntos, 2018), la escritora alemana Carolin Emcke es una de las intelectuales europeas que más consistentemente ha combatido los tópicos populistas que quieren dominar el mundo.
El libro Contra el odio es una reivindicación humana y filosófica contra la tentación autoritaria que se sirve de viejas banderas racistas y patrióticas y que muy bien pueden traerse a cuentas actualmente con la pandemia del coronavirus.
Ese es, precisamente, uno de sus temores: que la pandemia avive ese rescoldo de odio.
En una entrevista con el diario español El País, Emcke afirma que “la pandemia es una tentación autoritaria que invita a la represión, a la vigilancia totalitaria basada en datos digitales, a la regresión nacionalista. O al cálculo darwinista que le pone precio a la pérdida de los cuerpos más viejos, más débiles”.
Agrega que “va a resultar decisivo poder demostrar que las sociedades que menos dañadas salen de la crisis sean aquellas que cuentan con un sistema de salud pública, aquellas cuyas infraestructuras sociales no han sido privatizadas y erosionadas por completo, poder probar que serán la solidaridad y el cuidado mutuo los que triunfen sobre el virus y no el estado de excepción y la privación de la libertad…»
A su modo de ver, “va a resultar decisivo poder demostrar que las sociedades que menos dañadas salen de la crisis sean aquellas que cuentan con un sistema de salud pública, aquellas cuyas infraestructuras sociales no han sido privatizadas y erosionadas por completo”.
Emcke reflexiona acerca de la situación actual y hace la observación de que “es natural que la pandemia cause miedo y espanto. Miedo a enfermarse, a morir solo, a no poder acompañar a los seres queridos, a no poder despedirse, miedo a las penurias, a perder el trabajo, miedo al quebranto existencial”.
“Pero la pérdida de soberanía no se compensa con la estigmatización o humillación de los otros. Como si la impotencia se sintiera menos si se maltrata a los marginalizados o a la propia pareja. No es solo la xenofobia a lo que se recurre como compensación de la inseguridad individual o social, también se potencia la misoginia, la violencia contra las mujeres”, expone.
Asegura que su principal inquietud, como ciudadana, como intelectual es que no aprendamos nada de la crisis, cuando esta nos está demostrando como si fuera un medio de contraste inyectado en un cuerpo cuáles son los males que afectan a nuestra sociedad.
Ha quedado a la vista que no se puede negar la realidad, que hay límites a la manipulación del discurso, al delirio narcisista, a la mentira política. Nadie es invulnerable, nadie es intocable, aunque Trump o Putin quieran negarlo. A los populistas, se les está volviendo en contra su hostilidad contra las ciencias, y lamentablemente, el precio lo pagan sus electorados.
“Está quedando a la vista también que el Estado no puede retraerse infinitamente de su responsabilidad, que hacen falta infraestructuras públicas, bienes públicos, una orientación hacia el bien común. Y, por cierto, también un periodismo serio e independiente. Me preocupa sobre todo que el aprendizaje que estamos haciendo, doloroso y amargo, caiga en el olvido cuando todo haya pasado. Que reconstruyamos nuestras sociedades con las mismas injusticias, la misma inestabilidad”, anota Emcke. INS
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