San Juan, 10 abr (INS).- Ante la imposibilidad de reunirse en los templos este Viernes Santo, a causa de la pandemia del Covid-19, el arzobispo metropolitano de San Juan, Roberto Octavio González Nieves, exhortó a los puertorriqueños a fijar su mirada en el rostro de Jesús crucificado y muerto.
El prelado católico manifestó que, como no tenemos la oportunidad de observar ese rostro de Jesús en los crucifijos inmensos de las iglesias, “les invito dirigir su mirada a los crucifijos de sus hogares, de sus rosarios o desde las imágenes de sus celulares y fijar su mirada en el rostro de Jesús crucificado y muerto”.
“La nuestra, es una cultura del crucifijo. Nos identificamos con el rostro del crucificado. Lo usamos en los carros, en los cuellos, los colgamos en las paredes, los usan los que lo rezan y los que no lo rezan”, destacó González Nieves.
Expuso que el puertorriqueño ha sido un pueblo de mucho dolor por siglos; pasan los siglos, pero el dolor colectivo siempre ha marcado nuestra historia.
“Hemos vivido el dolor de los huracanes, la pobreza, el desempleo, del colonialismo, el dolor de la corrupción, de la cultura del oportunismo, del abuso sexual contra menores, de la violencia doméstica, de los crímenes de odio, el dolor por la cultura del privilegio político, religioso y social”, enumeró.
Monseñor González Nieves consideró que “el dolor de los que han perdido sus empleos, de los que hacen largas filas en los supermercados, el dolor de tantos médicos y personal de la salud ante la situación del coronavirus, el dolor del policía, del funcionario público que se entrega de corazón y es honesto en su servicio. Y el rostro del crucificado siempre da sentido a nuestros dolores, angustias y desesperaciones”.
Instó a fijar la mirada en la cruz, pues “ya muerto en su cruz, Jesús no deja de hablarnos; su rostro, su cruz, adquiere una nueva forma, un nuevo sentido y aunque silente de voz, nos comunica su evangelio de salvación y vida eterna desde el poder de la cruz. No nos hablará con su voz terrenal, pero sí con su rostro”.
“Su rostro ya no es el mismo de aquel Jesús que predicaba en las sinagogas o en los templos, ni el rostro del que predicaba en las montañas o las orillas de los lagos, del rostro del que multiplicaba los panes y los peces, o del que resucitó a la Lázaro o perdonó a la pecadora”, subrayó.
En su liturgia de Viernes Santo monseñor expuso que “al contemplar el crucifijo, su rostro es otro; hoy Jesús nos mira con el rostro del dolor, del abandono, de la traición, de la envidia, del sentirse ridiculizado, con el rostro de los que sufren la violencia, las injusticias y las burlas. Se nos invita a fijar nuestros rostros en el verdadero rostro de Jesús”. INS
ndc
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