
Haitianos indocumentados entran a la República Dominicana por la zona fronteriza. / Inter News Service
Santo Domingo, 8 jul (INS).- El Gobierno dominicano ha guardado silencio ante la entrada masiva de inmigrantes haitianos indocumentados a través de los puntos fronterizos que dividen a la República Dominicana y Haití.
En las últimas semanas, la televisión nacional y las redes sociales están difundiendo imágenes de los extranjeros mientras son transportados en grupos de a cinco, incluyendo niños y mujeres, por motoristas y camioneros criollos que cobran tres mil pesos dominicanos per cápita (63 dólares) para el acarreo.
Otros indocumentados cruzan la frontera dominico-haitiana a pie y llevando ligeras pertenencias personales, utilizando rutas previamente estudiadas por traficantes de personas debido a que no están vigiladas por los militares encargados de la seguridad fronteriza.
La ruta de tráfico diario es trazada a plena luz del día y bajo la mirada fría de las autoridades, dejando a colectividades fronterizas y otros extremos de ciudades del país a merced de un flujo desbocado de inmigrantes que prácticamente ya no encuentra resistencia en su camino.
Mientras tanto, el canciller Miguel Vargas declaró que Haití y República Dominicana tienen que convivir de manera fraternal, pero advirtió que hay que respetar las leyes migratorias y la Constitución del país.
“Nosotros -dijo Vargas- hemos sido reiterativos en hacer cumplir las leyes migratorias; hemos llevado las mejores relaciones con el gobierno haitiano y con su pueblo, siempre con la claridad de nuestra soberanía y lo que corresponde a nuestras leyes migratorias”.
Los habitantes de Loma de Castañuelas, en Montecristi (noroeste), una de las rutas utilizadas por los contrabandistas de haitianos, que son dirigidos hacia Santiago (norte) y otros lugares del territorio, dijeron estar alarmados al ver la facilidad con que estos indocumentados entran a República Dominicana.
A través de la parte norte dominicana, los traficantes de ilegales han marcado unas líneas de cruce que les ha facilitado el ingreso de cientos de estos extranjeros con la supuesta complicidad de militares, inspectores de Migración y transportistas, según las denuncias periodísticas.
Así, cruzan la frontera bordeando los linderos de Dajabón (noroeste), cruzando el río Masacre, luego emprenden largas caminatas, y después, en uno de los trámites de finales de la travesía, son ubicados por motoristas que les ofrecen llevarlos hasta Santiago o Navarrete, según los medios establecidos en esas comunidades.
Los motores salen de Dajabón, pasando por Las Matas de Santa Cruz, atraviesan el municipio Castañuelas, y luego llegan a Villa Vásquez, donde son desmontados y dejados para que inicien el paso a pie por el chequeo militar. Más arriba son esperados para continuar su travesía. Otros no corren con la misma suerte, ya que son víctimas de atracos por los mismos motoristas, según han revelado.
La mayoría de ellos se aventura para llegar hacia sus destinos a pie, por varias razones, pero la principal de ellas es que no cuentan con recursos para costear el transporte.
Los moradores de Las Matas de Santa Cruz dijeron que el éxodo masivo de haitianos indocumentados es muy preocupante para los comunitarios de la zona, ya que muchos de ellos no sólo cruzan la frontera para hacer trabajos agrícolas y de construcción, sino que la mayoría se dedica a delinquir.
Mientras fluye la masa de ilegales de todas las edades hacia el país, el tráfico de niños, adolescentes y mujeres son destacadas en este caso.
La mayoría de embarazadas y otras que simulan estar en igual situación de gestación se dirigen a Santiago, el Gran Santo Domingo y otras ciudades, donde sus compatriotas las utilizan para que pidan en las calles.
Muchos limpian calzados y lustran cristales de vehículos en los semáforos. Una situación similar se registra en las calles de Santo Domingo y otras provincias dominicanas, ante la indiferencia de las autoridades gubernamentales.
Informes dan cuenta de que los traficantes de haitianos utilizan las rutas de Santiago de la Cruz, El Pino, Villa los Almácigos, Santiago Rodríguez, Monción, San José de las Matas y Santiago de los Caballeros, región noroeste, el principal destino en sus planes.
El Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza Terrestre (Cesfront), conformado por soldados del Ejército Nacional, y las autoridades de Migración, han establecido mayores controles en la frontera para detener el tráfico de niños, mujeres y otros inmigrantes desde Haití, aunque el fenómeno sigue produciéndose.
Autoridades castrenses y migratorias establecieron que, como parte de esas acciones, el 26 de junio pasado allanaron una residencia en Dajabón, donde había 41 haitianos, entre ellos 14 niños, 16 mujeres y 11 hombres que serían llevados a Santiago, a la capital y otras ciudades para obligarlos a pedir en las calles.
Con relación al caso, varios sectores de la sociedad han advertido al gobierno central tomar las medidas de rigor dada la frecuencia y la facilidad con entran estos extranjeros indocumentados hacia el territorio nacional.
El exdiputado Pelegrín Castillo emplazó a las Fuerzas Armadas a cumplir con su misión constitucional de preservar la integridad del territorio nacional, en especial de sus fronteras, al tiempo que le recordó que su sujeción al poder civil está condicionada a que éste cumpla también con sus obligaciones constitucionales.
En opinión del exlegislador y exministro, el gobierno del presidente Medina “ha seguido una política funesta, cargada de errores, ambigüedades y vacilaciones frente al mayor problema de política exterior e interior que es el Estado fallido de Haití y la actitud cínica de la comunidad internacional”.
“Ese enfoque, impuesto por una influyente facción del gobierno que se subordina en todo a los planes de los poderes extranjeros, está en el origen del proceso de derrumbe de la soberanía del Estado”, subrayó.
Y remachó: “Las Fuerzas Armadas no pueden seguir asumiendo posiciones pasivas o cómplices, ya que están comprometiendo la razón de ser de su existencia y su papel en la historia de la República. La estructura de corrupción transnacional más grande y peligrosa del país es esa frontera, que puede terminar siendo la tumba de la nación y de las Fuerzas Armadas”. INS
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